le feu follet

le feu follet
"Hay momentos de la existencia en que el tiempo
y la extensión son más profundos y el sentimiento
de la existencia parece inmensamente aumentado".


Charles Baudelaire.

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Seres irrelevantes?






Es Tendencia natural en el hombre, - si no profesa una religión - ,  limitar su sentido de pertenencia a la tierra al lapso de tiempo que su salud le otorgue vivir, ignorando que su hoy,  es el resultado acumulativo de todo el pasado, y que el futuro una vez su vida se extinga quedará  condicionado irremediablemente por toda su acción;  de manera que bajo esta visión, a cada ser le corresponde patente de pertenencia al mundo desde los inicios en los que el tiempo y el hombre hayan coexistido,  y tiendan a coexistir.


Uno es pasivo heredero de toda una pléyade histórica que le precede, y, cuando aterriza en este presente misterioso que le lleva de la mano el tiempo, pasa, de ser condicionado, a condicionar. A partir de su acción inconsciente,  el futuro será descrito con nuevas sendas. Nadie es el resultado de sí mismo, sino de una gigantesca cadena temporal de actos o sucesos.

Aquellos que entienden que la vida del ser humano es tan efimera como irrelevante, se equivocan;  no son conscientes de que cada ser humano, tras pasar por esta vida, deja tras de sí un condicionamiento total de la cadena de sucesos global en el mundo. Ya nunca la tierra será igual después de sus acciones, aún más, no cabe duda de que a más tiempo transcurrido desde su muerte, la influencia de sus acciones vitales tendrán mayor repercusión, pues el fenómeno causa efecto tiene una condición acumulativa, un efecto de red en crecimiento constante.

Desde este punto de vista, el ser humano una vez que muere, no deja de existir para la naturaleza, estará presente en ella hasta que la tierra llegue al equilibrio termodinámic ( véase apartado de entropía),  o incluso podrá trascender a su propia especie,  ya que aunque el ser humano desaparezca de la tierra, su influencia  en términos de acción causa-efecto  sobre la evolución  no se extinguirá, y como he afirmado, su inlfuencia será mayor cuanto mayor sea el tiempo transcurrido desde su desaparición.

Inconscientes permanecen los hombres acerca de la repercusión de sus acciones en la naturaleza. ; guiados unas veces por el egoísmo y otras veces por el amor, otras por un afán virtuoso o por motivaciones de índole pasional,  pero al fin y al cabo, inconscientes de su repercusión.  De manera que, resulta llamativo el contraste entre la irrelevante entidad de la mayoria de las motivaciones en las acciones del ser humanodesde un punto de vista moral, y la trascendencia de su repercusión , la cual podríamos denominar como definitiva independientemente de la trascendencia objetiva de la acción que haya realizado. 

Queda pues claro la clasificación del hombre entre acciones  nímias y otras como decisivas o histótricas, no es más que una interpretación sesgada y ficticia de la verdadera realidad, dado que es imposible prever la repercusión de cada acción en el devenior del hombre. 



El acto o suceso, la evolución.


Todos tenemos la misma relevancia y ningún ser habrá prevalecido sobre otro  independientemente de la época en que vivieran y la relevancia personal de cada individuo haya podido tener; lo mismo da el Emperador Adriano de la Roma imperial que el herrero de una abadía en el medievo; ¿quién es más importante?, ¿el propio emperador; gran estadista, pensador y guerrero conquistador,  o aquel antepasado suyo que en tierras itálicas  tuvo por divina decisión aparearse con aquella muchacha anónima que , tras varias generaciones hizo florecer a este personaje romano?.  Ciertamente, sólo la evolución, -sin protagonistas- , es lo que realmente importa, la interconexión entre todos los sucesos acaecidos es total y  absoluta.  Las infinitas piezas que integran el mundo juegan en un tablero de reglas marcadas, las piezas interaccionan ignorantes de la trascendencia de cualquier acto por  nímio que sea éste, o por grandilocuente que pueda considerarse;  ninguno prevalece sobre el otro ni tiene mayor importancia, todos son lo mismo; sucesos de un mismo fenómeno en el que su origen , causa y consecuencia son un mismo todo en el que lo único sustantivo y esencial es el propio acto o suceso, única condición necesaria para que el devenir tenga lugar.




La entropía.

Esta magnitud física viene definida por la derivada del calor absorbido con respecto al tiempo. 

 dS = \frac{\delta Q}{T}

Aplicada esta ecuación al devenir de sucesos a lo largo del tiempo, viene a describir el grado de desorden que hay dentro de un sistema, en este caso la tierra. 

El grado de desorden dS es mayor cuantos más procesos de intercambio de calor ocurran, así, la entropia o desorden será mayor según transcurra el tiempo.En un límite temporal lejano, cuando el sistema considerado en cuestión haya producido todos los intercambios de temperatura posibles por la interacción de los elementos a distintas temperaturas, habremos llegado a la entropía máxima de ese sistema. 

Si el sistema alcanza el equilibrio de temperatura, es decir, todos sus elementos han alcanzado la misma temperatura, se habrán producido todos los sucesos termodinámicos de intercambio de calor entre focos frios y calientes, - motores del intercambio de energía - , y llegaríamos al final de la vida energética del mismo, de su actividad, siempre que no aparezca otro sistema a diferente temperatura que pueda interaccionar con él.