le feu follet

le feu follet
"Hay momentos de la existencia en que el tiempo
y la extensión son más profundos y el sentimiento
de la existencia parece inmensamente aumentado".


Charles Baudelaire.

viernes, 20 de noviembre de 2015

El amor moderno.



El amor nos hace vulnerables. Si el amor es verdadero, debe existir la entrega hacia el otro. La entrega implica ceder una parte de ti para ofrecerla al otro. El amor así entendido poco éxito puede tener en nuestros días. Las sociedades tecnificadas tienden, por su imparable desarrollo tecnológico,  a generar innumerables parcelas de seguridad; estas parcelas redundan en disfrutar de una vida que logra vencer en gran medida la contingencia que dicta nuestras vidas. Sentirnos seguros nos da estabilidad, nos tranquiliza. Buscamos la estabilidad;  cada vez más,  a través de la comodidad que nos confiere el tenerlo todo controlado, y además del control, hay que añadir la circunstancia de que ese control sobre nuestras vidas cada vez es más sencillo ejercerlo en base a las facilidades de la tecnología nos ofrece. Estamos educados en esta búsqueda de la simplificación, aunque por otro lado, esta simplificación del control de nuestro entorno nos da la posibilidad de estar atento a un mayor número de cosas al mismo tiempo, por lo que finalmente, la inducción al estrés es inevitable. La mente trabaja con muchas variables diariamente, las controla de forma sencilla y eficaz, pero el aumento cuantitativo de las mismas , provoca estrés, y lo que es más grave aún: impide a la mente reflexionar. 

Mantenemos el tiempo ocupado en muchas actividades simultáneamente; la facilidad para llevarlas a cabo no requiere de la implicación total del individuo para acometerlas por las facilidades de la tecnología. Todo este proceso induce a la simultaneidad de tareas simplificadas, por lo que hablando  claro:  hacemos muchas cosas, pero no profundizamos en ninguna. No hay implicación del individuo en las tareas que acomete. El devenir diario nos dirige hacia basar nuestras experiencias en la rapidez en que la experimentamos, y la rapidez con que se renueva, es decir, la renovación constante de las acciones como base de la propia experiencia. 

Así las cosas, el mundo de las relaciones personales, y más concretamente el de las parejas, se está viendo afectado por una asimilación de la vida en común a otro compartimento más de nuestras actividades tecnológicas. Un factor definitorio de todo este mar de rápidas acciones simultáneas diarias  es su esencia transitoria; todo es susceptible de cambiar rápidamente si encontramos otra cosa que nos atraiga y que tengamos acceso rápido a ella. Esta dinámica de comportamiento diario la hemos trasladado a las personas. Las relaciones se ven afectadas por la falta de compromiso. 

Nadie quiere implicarse con otra persona porque anhela poder cambiar de elección constantemente;  asimila la inacabable oferta diaria de items para pasar el tiempo a sus relaciones de pareja: " hoy estoy bien con esta persona peros pero mañana puede que se me presente otra que me gusta más", o peor aún, otra que me permita cambiar. He ahí - en el poder cambiar- el meollo del asunto, porque se hace la asimilación del fulgurante e incesante cambio que rige nuestras vidas en lo material, a la parcela de lo personal.  La esencia es poder cambiar constantemente,  "el cambio" , rige nuestras vidas , que se convierte en un cúmulo de pequeñas experiencias cortas y epidérmicas. 

Todos estos comportamientos son la antítesis del caldo de cultivo para el desarrollo del amor. La sociedad actual sigue añorando el amor verdadero, lo busca, pero se da de frente una y otra vez con la transitoriedad, con el permanente disfrute superficial, con la necesidad de saciar el instinto más terrenal a nivel cognitivo. ¿Dónde está la vulnerabilidad en este tipo de modus vivendi?; simplemente no tiene cabida. La vulnerabilidad requiere de un proceso de apertura, de una decisión por desprotegerse y ser consentir que el otro penetre en ti. Todo ello requiere de tiempo, de reflexión, de tomar la decisión, de una cierta espiritualidad que no existe en nuestra estructura diaria construida sobre unas bases tan efímeras. Así pues, ¿cómo va a encontrar el amor verdadero el hombre moderno?. La tentación de llegar a amores de intercambio,- que no de entrega-, donde cada uno de los dos amplía su seguridad en su vida diaria a la parcela de su relación;  su zona de confort la traslada al ámbito de las relaciones íntimas; difícilmente , en un ambiente de amenazante transitoriedad de un estado amoroso se puede cultivar la entrega, ¿cómo me voy a entregar al otro si estoy con otro el rabillo del ojo contemplando la posibilidad del cambio?. Malos tiempos para el amor verdadero. 











miércoles, 18 de noviembre de 2015

El Don, por mandato natural




Contabilizaba este amigo mío 4 citas con aquella muchacha morena con grandes ojos de tonos avellanados, -decía   el - , mientras un dulce gesto de admiración poblaba su faz.
Incrédulo de sí mismo, narraba los cuatro encuentros que hasta el momento había tenido  con la gratificante sensación de que le parecía haberla conocido desde siempre, pues sólo ya con los paseos que ambos realizaban notaba como si hubiera caminado junto a ella desde pequeños,  y quizás,  para siempre ya.  Me emocionaba  la ilusión con que mi  amigo relataba las diferentes situaciones que había vivido con esta mujer, con la que sin duda parecía haber tenido un flechazo; son ese tipo de situaciones que desembocan en un reconocimiento mutuo de abrumadora intensidad, hasta tal punto que ya nada hace falta añadir para reafirmar la gran unión que se ha producido entre dos almas. Simplemente ha pasado, y ambos lo saben perfectamente.

Después de unos minutos escuchando sus relatos de  apasionada vehemencia, logró  sugestionarme, suscitando en mí  un pequeño pensamiento. Le interrumpí ; le dije, ¿te das cuenta de cómo estás hablando?.   Querido amigo, un don te ha sido ofrecido por la naturaleza,  su capricho ha decidido que te enamores apasionadamente, y que sientas en tu interior amor intenso, un amor irracional  hacia tu esbelta mujer de ojos  grandes y tonos avellanados.  ¿Qué has sacrificado para que este  momento de unión amorosa entre almas haya tenido lugar?.

Cuan diferente resulta el  amor irracional respecto a todos los demás órdenes de nuestras vidas;  todo cuanto conseguimos o ambicionamos está sujeto, en la mayoría de ocasiones, a un gran esfuerzo personal, a la disciplina y a la perseverancia, ni si quiera así nos es garantizado el éxito. La consecución del objetivo o metas vitales que uno se va trazando con el objeto de dibujar su propia vida  en muchos casos es un reguero de esfuerzo personal.
El amor irracional es así,  no pertenece a la esfera del  la vida real, es, por contraste, -sin duda-,  el mayor don o riqueza que le puede a uno ser dado, y te es dado por nada, simplemente porque el amor así lo ha querido. Tanto por tan poco.  

Recibir algo tan grande como un flechazo amoroso sin haber sacrificado nada para ello,  fue resultado de un caprichoso  don inconsciente  para la ubicuidad,  que le llevo a encontrarse con ella, -en realidad por absoluto  azar-, al salir de visitar un edificio de viviendas donde estaba valorando vivir en alquiler; ella pensaba que era el cliente con el que había quedado para visitar el edificio, pues se dedicaba a ser comercial en una empresa inmobiliaria.


Ella lo abordó. Mi amigo le dijo que no era Jorge,  pero  sí,  casualmente acababa de ver una vivienda en el edificio para alquilar.





martes, 17 de noviembre de 2015

La invasión silenciosa.




El terrorismo, aunque muy cruel, sólo es un fenómeno colateral de la invasión silenciosa, no puede tener recorrido a largo plazo. La desgracia de los atentados, sin ser lo sustantivo del fenómeno de invasión, es lo único que puede hacer reaccionar a la anestesiada Europa, que no es consciente del fenómeno de colonización musulmana, - en varias etapas - , que lleva ya tiempo en proceso.



La invasión silenciosa es un fenómeno que sigue su imparable curso independientemente de que haya terrorismo o no. Esta invasión se apoya en al menos dos factores fundamentales para hacerla posible: la tolerancia no selectiva de la cultura europea hacia otras culturas; occidente no es capaz de distinguir qué culturas son compatibles con la suya propia. El segundo es la falta de natalidad; hueco que el Islam va a rellenar con súbditos bajo la imagen de inmigración trabajadora; después, cuando sean crecientes en número, impondrán su religión sobre nuestra cultura. Aclaro que no sugiero que los musulmanes que vengan a trabajar aquí estén pensando en colonizarnos como parte de un plan: no. El asunto no funciona así, ellos vienen a trabajar y disfrutar de la libertad de europa, pero siguiendo férreamente los dictados del islam, sin integrarse en la cultura y valores occidentales, utilizándolos únicamente en su beneficio: ejercer su libertad de culto y modo de vida dentro de nuestro territorio, al margen de Europa, pero en Europa.


Occidente debería ser consciente de que su hegemonia económica induce el soterramiento de la fuerza colonizadora del islam. Pero ese fuerza colonizadora está latente. El islam es una religión pacífica mientras no vea la posibilidad de expandirse. Occidente piensa que las - por ahora - minorías musulmanas que conviven entre nosotros son pacíficos, que aceptan nuestra cultura y nos respetan. Esta percepción es virtual; las minorías musulmanas saben que la única manera de disfrutar, por ahora, de Europa, es aceptar nuestra forma de vivir. El día en que, como ya han baticinado muchos lideres musulmanes instalados en Reino Unido la población musulmana empiece a ser mayoría, se acabo el pastel, se acabo la tolerancia, se acabo la libertad. 

Será imposible que Europa acabe con este peligro utilizando el buenismo del que hace gala, sencillamente porque en un conflicto de intereses que llegan a ser contrapuestos : islam-cultura occidental, o se juega con las mismas reglas o el que hace de bueno termina masacrado por el otro; debilidad que ellos conoce  y piensan aprovechar. La única forma de acabar con este proceso será tomando decisiones drásticas que se considerarán injustas e intolerantes por parte de sectores amplios de la opinión pública, o más exactamente, de la opinión dirigida por los medios de comunicación masivos, que son los que controlan en pulso de lo políiticamente correcto, y que los dirigentes europeos siguen como niños obedientes, sabedores de que no obedecer significa perder la popularidad entre los medios, y como consecuencia, perder las elecciones. 

Muy diferentes son los discursos de los líderes de la Europa de Este. El control que hace Putin sobre los medios de comunicación , le permite hablar de las cuestiones de calado internacional sin tapujos, yendo al meollo de los asuntos sin complejos, sin el temor de ser aniquilado políticamente por los medios de comunicación. El primer ministro Húngaro, por su parte, -sociedades carentes de este buenismo ignorante -, y sin una intromisión tan brutal de los medios masivos de comunicación en dictar pautas estrictas acerca del estado de opinión, afirma con contundencia que la calidad democrática de Europa está en entredicho,  pero no se le ha preguntado a la población que es lo que desea hacer con todos estos problemas, desmarcándose del buenismo de los líderes de la Europa del Oeste. 







Camino a casa.




Por fin nos despedimos de unos desconocidos para mí, tan sol conocidos por ella. Avanzamos unos metros por la acera y ya me sentí libre para rodear su cintura,  mientras caminábamos hacia el coche. Un buen rato de contención en público me hizo poder saborear  con mayor regocijo el disfrute mutuo. Por fin volvíamos a la agradable rutina de acariciarnos constantemente, mirarnos con complicidad cada pocos pasos, y besarnos sin límite en cada espera para cruzar cualquier calle.  Serían alrededor de las 4 de la madrugada. Poco quedaba ya por hacer, salvo llevarla a casa de sus padres y disfrutar por el camino  de nuestra intimidad lejos de la distancia que nos dictaba el estar en público.

Caminábamos por una de las aceras de la embajada de EEUU, la acera estaba poblada por las hojas de los plátanos que son símbolo arbóreo de las calles de Madrid. Sus tonos amarillos, a veces muy luminosos, comparte el suelo en armonía cromática con el suave color grisáceo de las aceras. A un lado nos flanqueaban los troncos de los árboles, al otro un imponente muro de la valla de la embajada.

La temperatura era fresca, pero en ningún modo incómoda. Los dos sentíamos una pequeña  euforia en la conversación  por ser dueños de nuestra intimidad en el solitario Madrid de las madrugadas de otoño.

No quería que aquel feliz trance en forma de  paseo terminara. Me sentía feliz por advertir que aquellos momentos tan sencillos me eran tan gratos, y  tener la sensación de que no necesitaba nada más que a ella arropada por mi brazo en su cintura,  nuestro alegre paseo y el relajante paisaje urbano nocturno de Madrid.

Ella aminoró,  soltándose suavemente  de mi cintura.  Se detuvo  e  inclinó su cuerpo graciosamente para apoyarse en el muro; ya es la segunda vez que interrumpe un paseo para apoyar su esbelta figura, su espigado cuerpo curvilíneo sobre un muro callejero que limitaba con la embajada.  “He parado para mirarte” –  me susurraba dulcemente mientras me miraba con una amplia sonrisa - . He descubierto lo agradable que me resulta poder mirarla de cerca, cuanto más cerca estoy de su rostro, más te cautiva la acción conjunta de sus expresivos y dulces ojos,  más una media sonrisa entre bondadosa y complacida. Ya el tiempo no cuenta.

Empezamos a contemplarnos, a recrear nuestras miradas el uno en el otro, apoyamos nuestros antebrazos en los hombros del otro, nos abrazamos, nos cogemos de la cintura alternadamente. Ya el tiempo no cuenta.


Mientras, hablamos de cualquier tontería, cualquier carantoña es válida para tocarnos, para conocernos a través del tacto de nuestros cuerpos en conjunción;  nuestras miradas constantemente cómplices y juguetonas, sabedores de que este juego es tan intenso y gratificante como verdadero y trascendente. Quizás sea esta mezcla entre juego y proyecto común el que hace que estos momentos se proyecten en el tiempo, y una breve parada de una pareja sobre un muro se convierta en 40 minutos de un sencillo y auténtico momento que permanecerá en mi memoria.

jueves, 29 de octubre de 2015

Grandes amores.




Sucede que no recuerdas su rostro. Intentas rememorar su voz, sus gestos, sus facciones en movimiento. Nada puedes evocar. Cada encuentro se convierte en un evento anhelado y renovado; mantengo la ilusión de saciar mis sentidos en cada cita a sabiendas de que en la siguiente,  su cara y sus gestos vendrán a mí como algo nuevo por descubrir, pues ella y su expresión, su gestualidad y coqueta dulzura,  agotan mi percepción en cada cita provocando el colapso de mis sentidos, que nada pueden recordar expuestos a una tormenta de sofisticada belleza natural.






viernes, 23 de octubre de 2015

Cris bcn




Pensaba en cómo debía estar sentado a su llegada; sentía la impaciencia nerviosa que te hace variar la postura buscando una comodidad ficticia.

Mi tensión iba en aumento hasta que decidí relajarme;  de nada servía desear contemplar su llegada, pues era previsible que se bajara del taxi a mi espalda, sorprendiéndome en cualquier momento con una mano posada sobre mi hombro, o algo así de inesperado. Sospechaba que mi  acostumbrado deleite por observar  los breves instantes en que una mujer se acerca hacía uno sonriente, no tenía visos de cumplirse. A menudo,  los últimos metros hacia el saludo mientras una mujer te mira a los ojos, -si tiene suave descaro para ello-, pueden definir, en parte, el cariz de un encuentro.

Ver una mujer de un plumazo mientras se acerca  caminando es cuestión de tres o cuatro segundos, no más; pero en ese lapso te asalta una  sensación visual de conjunto que te deja el buen sabor de boca, o una incómoda insatisfacción;  me recuerda a la sensación definitiva que uno tiene al degustar la primera copa de ron con coca-cola tras un par de semanas sin probarlo; sabes que el primer sorbo vas a saborearlo intensamente como un manjar nuevo, pero si el ron no esta bueno, te amarga el inicio y buena parte de la noche.

Ella no terminaba de aparecer ni por detrás, ni por ninguno de los laterales de la acera. Unos minutos después, dirigí la mirada hacia un lateral de la acera, encontrando una sinuosa silueta de mujer que desapareció fugazmente,  pues el tronco de un árbol cercano me impidió identificarla. Me inquieté; traté de asomarme a un lado o a otro del árbol; conseguí finalmente  que apareciera ella ante mi vista como una imagen clara y nítida. Caminaba erguida, con cierta parsimonia y distinción  mientras dirigía su mirada hacia el interior del bar, en mi busca. Aunque su cabeza estaba girada, su cuerpo aún conservaba la posición  que su caminar por la acera le era natural.

Nos saludamos, seguramente me levanté, creo que sí lo hice, aunque en esos momentos estoy más pendiente de qué me transmite su presencia, más que del rutinario saludo. Ya estábamos sentados y dispuestos a comer. Ella tiene una capacidad especial cuando te habla y está de frente  mirándote: "llena tu espacio visual".

Si estuviera escribiendo un guión de cine, ahora tocaría hacer una elipsis,  pues dentro de unos minutos, mientras escribo estas líneas, ella cumplirá 26 años,  -unos días después de este encuentro que retengo en mi memoria, y me es grato relatar -. Finalmente se sentó y pude empezar a disfrutar de su estampa. Me generan un deleite inusitado las mujeres con espaldas bien formadas y hombros bonitos, altos, bien situados a la altura de las clavículas, de manera que le otorga un porte distinguido y femenino. Así es ella , la línea que discurre desde uno de sus hombros hasta llegar al gemelo, es recta, y por ende, forman un ángulo recto con el cuello. Nada más atractivo que una mujer con hombros bien formados y anchos - sin llegar a ser masculinos- , les son especialmente agradecidos todos los vestidos que los dejan al descubierto, como los palabras de honor, o vestidos que rodean el cuello, dejando ambos hombros y los brazos al descubierto. Es muy difícil encontrar una fémina de  espalda generosa, recta, de hombros rotundos en su redondez,  y que esa misma forma curva tenga la suficiente contención para no llegara a ser vulgar, Cris bcn no se conforma con sus hombros, sus brazos continúan coherentes con esta filosofía de la curva en el límite entre lo voluptuoso y lo elegante, siempre ahí,  jugando a esas dos bazas simultáneamente.

Se pueden imaginar después de esta descripción, que mi ensimismamiento durante nuestra conversación me impedía prestarle la atención requerida a sus palabras y explicaciones,  pues yo me entretenía entre sus hombros y sus brazos, con aquella postura recta de perfecta geometría ortogonal y de dama bien educada en la mesa.  Al poco de empezar con el primer plato, se tomó  interés en explicarme  cierta cuestión, y fuesen ese instante, cuando al empezar la argumentación hizo un gesto de reafirmación, - de autoridad para acompañar su discurso, como para imprimirle más persuasión -  ; se agarró la enorme melena natural de cabello castaño,  que hasta el momento tenía reservada como estoque final detrás de su espalda, y finalmente la descubrió a mi vista mientras la acariciaba con ambas manos en un elegante movimiento de gran sensualidad. Posó su larga melena ondulada, de insultante vitalidad sobre uno de sus hombros, retorciéndola con suavidad, formando un precioso helicoide con sus hebras, quedando así como si luciera una coleta que adornaba su hombro, - pero más sensual- puesto que aquel equilibrio tendía a romperse en favor de la expansión de su fuerte y saludable pelo, que tendía a desparramarse en mechones de gran placer visual sobre su hombro izquierdo.

Por muchas se cuentan las ocasiones en que ella, ignorante de mi intenso placer visual, de mi aventura vital sigilosa,  me replica con cierto retintín sobre mi falta de memoria cuando me recuerda eventos y pensamientos que me ha contado en otras ocasiones. Es normal, y yo la comprendo, pero,
¿qué tanto responsable o culpable soy,  si veo la vida en imágenes,  y siento el placer de la pasión de un gesto como si fueran lapsos de tiempo que intensifican mi vida hasta casi hacer parar el tiempo?.





martes, 29 de septiembre de 2015

La luna y el cielo.




La Luna.

Es Septiembre,  aún puedo disfrutar de una temperatura agradable en mi terraza. A la 01:30,  la noche es cerrada ya. Salí del interior de  mi piso con el ánimo de aprovechar las vistas nocturnas. Aunque había sido una jornada algo calurosa, por la noche, de madrugada, la temperatura desciende lo suficiente para sentir el frescor de la brisa. Me interné en la terraza hasta alcanzar la barandilla. La cuidad estaba silenciosa. Me apoyé en los barrotes y giré la cabeza mirando hacia el Oeste en busca de la profundidad del paisaje urbano. Inesperadamente, ¡la luna estaba ahí!,  pero  no en lo alto, sino sensiblemente elevada sobre la línea del horizonte. Últimamente miro la luna a menudo, y la veo con otros ojos. Siento su peso;  una colosal esfera flotando, - aunque  pequeña a mi vista -,  se sitúa levitando en la atmósfera, como si perteneciera  a la tierra. Sé que está lejos, muy distante, pero la siento como una pesada bola que  nos acompaña, como un cuerpo armonioso y amigo,  perfectamente esférico.

La Luna puede verse como un elemento pintoresco parecido a  una composición sencilla de Kandinsky o Miró,  con pocos elementos geométricos formando un equilibrio que se hace presente a través del reflejo de la luz del Sol  sobre su superficie. Nuestra incapacidad para decidir sobre la pertinencia acerca de la presencia de la luna en cada momento, le otorga un carácter trascendente, impositivo , preexistente,  y al mismo tiempo, -debido a su simplicidad conceptual en términos geométricos-, me suscita cierta ironía, pues, ¿cómo es posible un elemento importante en el orden del sistema solar se presente ante nuestra vista bajo una forma extremadamente simple?;  como si fuera un elemento decorativo, un elemento aparentemente  intrascendente que nos acompaña siempre, pero no se expresa nunca, ni ejerce ninguna acción que nos sobresalte. Es incluso, en ocasiones,  un testigo impertinente de cualquier situación desagradable que vivamos,  omnipresente aunque no esté iluminada por el sol y no la veamos, se hará presente por su acción gravitatoria, aunque no la percibamos conscientemente.

La luna es siempre lo que nosotros queramos que sea,  precisamente por su estabilidad, su eternidad se nos manifiesta como ese referente que, según nuestra sensibilidad de cada día, la vemos con unos ojos u otros. Por ello,  la luna nos sirve de espejo donde  vernos reflejados en términos sensibles. Quizás, ese día que te fijaste en la luna,  no estaba tan bella como pensabas, más bien tú estabas sensible a verla,  hallaste su belleza, te encontraste a ti mismo a través de su imagen en alguna posición en su constante recorrido por nuestra bóveda celeste.

Yace quieta, impertérrita, pero siempre cambiante. Su  movimiento es imperceptible a nuestra mirada, por eso es quietud, un estatismo que  sólo el tiempo, con sus avance irreversible, nos lo hace evidente a través de los rayos del Sol, todo un gran engranaje de piezas geométricas simples y movimientos armoniosos.  Su dinamismo lumínico nos viene dado por el efecto variable del Sol en lo que es para la mayoría de nosotros un recorrido incierto.

Aquella noche, la esfera se encontraba iluminada en su mitad inferior, pero el plano que marcaba la separación entre la negritud que la esconde y el dulce ambar  suavemente reflejado que la muestra  formaba un ángulo de unos 45 grados con el suelo que pisamos. Desde el ecuador hacia abajo su geografía accidentada era claramente visible. Parecía como si estuviera siendo iluminada por la acción del hombre con rayos de luz desde la tierra que proyectan una luz tenue distribuidas sobre  medio casquete lunar. A menudo cuando miramos la luna, la vemos como una fuente de luz autónoma, cuando en realidad, la luna nos es visible sólo por la acción de los rayos reflejados que emite el sol; desde este prisma,  resulta bonito investigar  cuál es la  dirección en la que se ha de encontrar el  sol en función de qué zona de la luna esté iluminada, sin perder de vista el conjunto de la esfera, aunque no esté iluminada y por tanto, no la veamos. 



El cielo.

Todos estos pequeños pensamientos  en un ambiente tan silencioso y nocturno, me llevaron a aprovechar aquel  instante, -ese ratín-,  después miré al resto del cielo, la bóveda celeste estaba limpia. Durante la noche, cuando el cielo está parcialmente nuboso, la luz se refleja y ello creo un ambiente de contaminación lumínica, impidiendo la contemplación de las estrellas en los claros que quedan en los espacios restantes. Pero esta noche, no hay ni una sola nube, sólo la luna situada cerca del horizonte como único elemento singular. Inspeccioné el cielo y quedé impactado por la cantidad de estrellas que eran visibles. Creo que estar al lado del parque del retiro favorece claramente la ausencia de luz en esta parte de la ciudad. Han pasado unos minutos ya desde que salí a la terraza;  la fresca brisa está empezando a hacer efecto, convirtiéndose en un frío que pide arropo pero no desagrada. Cogí una manta de cachemir  que me regaló mi novia francesa, es un recuerdo que guardo de ella. Me tumbé en el sofá de la terraza boca arriba y desplegué la manta sobre mí;   me arropé con cuidado de no dejar ninguna parte de mi cuerpo a la intemperie;  la delgada capa de cachemir, propiciaba que pudiera adaptarla a todas  mis firmas corporales, a modo de suave funda. Sentí el calor casi instantáneamente;   qué agradable era percibir el frescor de la noche en mi rostro en contraste con la calidez en que permanecía el resto de mi cuerpo. Empecé a identificar estrellas en el firmamento a la vez que me daba cuenta de que estaba viviendo unos instantes muy intensos, contemplando la belleza que tenemos encima de nosotros a diario, y que no podemos comprender. Estamos aquí en la tierra, pasan los días y seguimos viviendo, absolutamente ignorantes del sentido de toda esta gigantesca composición planetaria y cósmica en la que simplemente ” estamos”;  me pregunto por qué algo que  nos trasciende sobremanera e nos presenta al mismo tiempo estéticamente de forma tan sencilla, planetas esféricos en perfecto equilibrio,  ese telón de fondo perfectamente negro durante las noches, y de ricos tonos azules durante el día.

Al final, lo importante es poder tener estos momentos de intensidad que nos recuerde lo agradable que puede ser un pequeño rato de vida si nos implicamos honestamente en   esa necesaria consciencia superior al mirar a nuestro alrededor y pensar en todas estas cosas tan maravillosas que hacen nuestra vida diaria, que nos gobiernan sin preguntarnos antes, un sometimiento al fin y al cabo, pero muy bello. Esta dualidad  entre lo bello y lo terrible que supone la vida y la naturaleza en general es lo que le confiere tanta fuerza, y de ahí provienen  nuestros  sentimientos profundos de la consciencia sobre nuestra existencia, al advertir esta dualidad entre belleza y muerte, advertir un final dentro de un cosmos de una belleza que parece inacabable, eterna en comparación con nuestra breve vida.






jueves, 17 de septiembre de 2015

Estreché su mano.




El otro día visité por la tarde a mis padres. Subí a su habitación y estaba  mi madre echándose la siesta. Me senté en un sofá  que está al lado de la cama. Conversamos unos minutos; quizás por comodidad, me acerqué a ella y me tumbé a su lado, los dos seguíamos hablando de varios temas intrascendentes y algo divertidos. En un momento dado la contemplé mientras  hablábamos, noté la complicidad  que estábamos disfrutando;  casi sin darme cuenta, fui más allá en mi pensamiento; me fijé en cómo movía su mano derecha, la cual estaba a mi alcance; súbitamente, me percaté de que hacía mucho tiempo que no le cogía su mano, -al menos no en un contexto nada usual como ese-, al pensar en ello, me dio algo de pudor, pero debía hacerlo; lo hice.  Abracé su mano con mi mano, y sentí el placer de la confidencia, de la unión madre e hijo; un respeto inducido por la mano que me ha visto nacer, me ha criado y me ha educado. Fue un acto de  comunión íntimo y que viví con gran intensidad, como si el tiempo se dilatara. Después,  tras salir de su casa,  reflexioné sobre este momento, y me alegré de haber arriesgado mi mano en busca de la suya. A menudo,  entre padres e hijos no hay señales de cariño, en otros casos, estos son constantes y rutinarios.  Aunque yo soy de naturaleza cariñosa, quizás sería bonita la dosificación de los gestos de cariño entre padres e hijos;  Tal como plantea el gran Robert Bresson en sus films, en los que la aparente sobriedad comunicante de cada escena encierra un silencioso pero constante caudal acumulativo emocional. El sentido del  film contiene  un recorrido hacia el final,  toda  la energía emotiva de los personajes se libera a modo de clímax en la última escena,  y por fin entiendes la dimensión espiritual del film,  lo sientes dentro de ti;  pues así fue, cómo si todo el tiempo que pasó hasta que abracé  la mano de mi madre con la mía representase el cenit de un proceso de pequeñas confidencias y complicidades acumulados desde hace tiempo.






domingo, 16 de agosto de 2015

¿Seres irrelevantes?



Es Tendencia natural en el hombre, - si no profesa una religión - ,  limitar su sentido de pertenencia a la tierra al lapso de tiempo que su salud le otorgue vivir, ignorando que su hoy,  es el resultado acumulativo de todo el pasado, y que el futuro,  una vez su vida se extinga,  quedará  condicionado irremediablemente por toda su acción;  de manera que bajo esta visión, a cada ser le corresponde patente de pertenencia al mundo desde los inicios en los que el tiempo y el hombre hayan coexistido.


Uno es pasivo heredero de toda una pléyade histórica que le precede, y, cuando aterriza en este presente misterioso que le lleva de la mano el tiempo, pasa, de ser condicionado, a condicionar. A partir de su acción inconsciente,  el futuro será descrito con nuevas sendas. Nadie es el resultado de sí mismo, sino de una gigantesca cadena temporal de actos o sucesos.




No somos irrelevantes:

Aquellos que entienden que la vida del ser humano es tan efimera como irrelevante, se equivocan;  no son conscientes de que cada ser humano, tras pasar por esta vida, deja tras de sí un condicionamiento total de la cadena de sucesos global en el mundo. Ya nunca la tierra será igual después de sus acciones, aún más, no cabe duda de que a más tiempo transcurrido desde su muerte, la influencia de sus acciones vitales tendrán mayor repercusión, pues el fenómeno causa efecto tiene una condición acumulativa, un efecto de red en crecimiento constante.



 Inmortalidad:

Desde este punto de vista, el ser humano una vez que muere, no deja de existir para la naturaleza, estará presente en ella hasta que la tierra llegue al equilibrio termodinámic ( véase apartado de entropía),  o incluso podrá trascender a su propia especie,  ya que aunque el ser humano desaparezca de la tierra, su influencia  en términos de acción causa-efecto  sobre la evolución  no se extinguirá, y como he afirmado, su inlfuencia será mayor cuanto mayor sea el tiempo transcurrido desde su desaparición.

Inconscientes permanecen los hombres acerca de la repercusión de sus acciones en la naturaleza. ; guiados unas veces por el egoísmo y otras veces por el amor, otras por un afán virtuoso o por motivaciones de índole pasional,  pero al fin y al cabo, inconscientes de su repercusión.  De manera que, resulta llamativo el contraste entre la irrelevante entidad de la mayoria de las motivaciones en las acciones del ser humano desde un punto de vista moral, y la trascendencia de su repercusión , la cual podríamos denominar como definitiva independientemente de la trascendencia subjetiva que el hombre le otorgue. 

Queda claro que la clasificación del hombre entre acciones  nímias y otras decisivas,  o histótricas, no es más que una interpretación sesgada y ficticia de la verdadera realidad, dado que es imposible prever la repercusión de cada acción en el devenir del hombre; y no cabe duda de que a medida que pase el tiempo, el efecto de aparentes  sucesos importantes y aparentes sucesos nímios,  tenderán a equilibrar su poder de influencia, siendo conscientes también de que un suceso nímio puede acarrear uno posterior mucho más importante, acto seguido.





El acto o suceso, la evolución:

Todos tenemos la misma relevancia y ningún ser habrá prevalecido sobre otro  independientemente de la época en que vivieran y la relevancia personal de cada individuo haya podido tener; lo mismo da el Emperador Adriano de la Roma imperial que el herrero de una abadía en el medievo; ¿quién es más importante?, ¿el propio emperador; gran estadista, pensador y guerrero conquistador,  o aquel antepasado suyo que en tierras itálicas  tuvo por divina decisión aparearse con aquella muchacha anónima que , tras varias generaciones hizo florecer a este personaje romano?.  Ciertamente, sólo la evolución, -sin protagonistas- , es lo que realmente importa, la interconexión entre todos los sucesos acaecidos es total y  absoluta.  Las infinitas piezas que integran el mundo juegan en un tablero de reglas marcadas, las piezas interaccionan ignorantes de la trascendencia de cualquier acto por  nímio que sea éste, o por grandilocuente que pueda considerarse;  ninguno prevalece sobre el otro ni tiene mayor importancia, todos son lo mismo; sucesos de un mismo fenómeno en el que su origen , causa y consecuencia son un mismo todo en el que lo único sustantivo y esencial es el propio acto o suceso, única condición necesaria para que el devenir tenga lugar.





La entropía:

Esta magnitud física viene definida por la derivada del calor absorbido con respecto al tiempo. 

   dS= dQ/T

Aplicada esta ecuación al devenir de sucesos a lo largo del tiempo, viene a describir el grado de desorden que hay dentro de un sistema, en este caso la tierra. 

El grado de desorden dS es mayor cuantos más procesos de intercambio de calor ocurran, así, la entropia o desorden será mayor según transcurra el tiempo.En un límite temporal lejano, cuando el sistema considerado en cuestión haya producido todos los intercambios de temperatura posibles por la interacción de los elementos a distintas temperaturas, habremos llegado a la entropía máxima de ese sistema. Si el sistema alcanza el equilibrio de temperatura, es decir, todos sus elementos han alcanzado la misma temperatura, se habrán producido todos los sucesos termodinámicos de intercambio de calor entre focos frios y calientes, - motores del intercambio de energía - , y llegaríamos al final de la vida energética del mismo, de su actividad, siempre que no aparezca en escena otra masa exterior a la tierra y en base a la ley fundamental de gravitación, pudiera colisionar con la tierra,  liberando energía, con lo que se reabriría otro proceso entrópico. La atracción gravitatoria entre masas es independeunte del tiempo, la entropia sí necesita del tiempo en tanto que debe su existencia al ntercambio. La materia, por su parte,




¿La necesidad de una religión?:

¿Puede haber mayor símbolo  de inmortalidad que el ser consciente de que la acción del sujeto vaya a tener influencia eterna sobre la naturaleza, una vez él pierda su vida?. ¿Por qué hemos de apelar a Dioses que provienen de manuscritos y leyendas de seres superiores ?. ¿Acaso podríamos encontrar algo más nuestro que la pertenencia per sé a la naturaleza por el mero hecho de existir, y representar la trascendencia de nuestros actos en vida en la proyección de los mismos en el devenir futuro, ya sin nosotros?. Creo que esta forma de inmortalidad es más terrenal, más apegada a aquello que podemos tocar, oler y percibir, y con  un cuerpo teórico cimentado en las leyes de la naturaleza, que hoy en día es lo único que realmente conocemos, governando todo lo que hacemos y generando esta curiosa relación de interdependencia entre las leyes y nuestro actos, una identificación que nos llama a nuestro origen y nos proyecta hacia el futuro haciendonos sentir que somos naturaleza, con el tiempo como motor necesario de la evolución.





 


martes, 11 de agosto de 2015

Un modo de observar.





Aleja de tu percepción las emociones suscitadas por las acciones más espectaculares, vienen rápido y con la misma rapidez nos abandonan, sobreviniendo el hastío. Trata, muy al contrario, de poner atención en la observación de los fenómenos más simpes y cotidianos, en ellos podrás encontrar emociones más profundas y duraderas. 

 

¿Argentina?, pase, pase...




En los últimos meses me he topado con dos o tres grupos de  argentinas,  chicas que vienen a España para estudiar o por ejemplo, para acompañar a familiares y amigos a torneos de Polo por Europa. Como en todas partes, las hay guapas y menos guapas. Me voy a centrar en comparar y destacar las cualidades singulares de las chicas guapas argentinas con respecto a las chicas guapas españolas. 
Siempre he sido partidario de la mujer voluptuosa, por ejemplo la mujer latina, como la venezolana o la colombiana;  son mujeres de curvas muy rotundas en general. La mujer Mexicana me parece especialmente atractiva, ya que muchas veces  aúna un buen equilibrio entre voluptuosidad y esbeltez.


Soy consciente de que de todos estos países, la mayoría delas chicas que vienen  a España no representan el target medio de la población nativa tanto en físico como en educación o nivel socioeconómico, pero al fin y al cabo, me quiero centrar en este sector específico de la belleza trasatlántica, que es el que conozco bien.


La belleza española es muy variada; para mí, especial mención a la mujer andaluza, que suele mantener una unidad estética importante en relación con la diversidad imperante en otras partes de España. La andaluza, suele ser de tez uniforme  y melenas muy lustrosas, como las latinas. Algunas tienen unos ojos realmente impactantes, normalmente se debe a que son muy grandes y la parte blanca del contorno del ojo es muy clara y limpia, lo que hace un gran contraste con el color del ojo y destaca mucho la mirada. El nos plus ultra de la belleza andaluza tuvo lugar cuando las mujeres andaluzas emparentaron con los ingleses que vinieron a cultivar la uva y crearon el Sherry;  de paso, han dejado un tipo de mujer que aúna la altura, esbeltez y ojos claros de Inglaterra,  con los fuertes rasgos de gran poder de atracción españoles. Estas mujeres se encuentran sobretodo en Jerez y Sevilla.


Pero cuando he visto a las argentinas, he visto algo nuevo…al menos dos  de entre unas 10 argentinas  me han impresionado por su físico. En lo relativo a las facciones del rostro y el  cabello, son una mezcla de todas las mujeres ya nombradas, hay españolas como ellas también. Lo primero que hay que comentar es que evidentemente hay un factor de habla, de acento, que resulta muy atractivo para el hombre; es muy agradable porque son mujeres finas y elegantes,  pero que pronuncian las palabras con picardía y frescura, sin ser cursi, o sea, despliegan una sensualidad sofisticada, esto es muy importante porque te afecta casi sin que te des cuenta.


Yo pensaba que Valeria Mazza era un mito, es decir, un tipo de mujer argentina que era una excepción.., pero he aquí mi sorpresa, y el motivo primordial de que escriba estas líneas. Hay un tipo de argentina que lo voy a identificar con Valeria, y que no había visto hasta ahora…, es este tipo de mujer de cuerpo delgado pero finamente rotundo, de una esbeltez muy acusada, y al mismo tiempo contienen unas curvas perfectamente equilibradas con el resto del cuerpo, piernas larguísimas,  y sobretodo, -y esto sí que me encanta..- unos hombros de película, femeninos  a rabiar  porque están muy rectos y forman parte de una espalda bien ancha, pero nada vulgar, por lo que el porte es como el de un caballo purasangre.


Por último, y no menos sorprendente, es la ecuación imposible resuelta entre la unión de piernas, cadera y cintura;  ni es voluptuosa, ni es rectilínea como las de algunas europeas del este. Lo es simplemente todo;  son unas formas corporales de una armonía perfecta,  unas proporciones entre la cadera:  no muy ancha pero bellísima, unas cinturas estrechas y en relación armónica con la cadera;  unas piernas estilizadas y torneadas, pero no en exceso. Todo es redondeado, pero de forma muy sutil,  y esbelto.   En definitiva, unas mujeres de bandera que yo no he visto en España  y tampoco hasta ahora en lo que he conocido de Latinoamérica. Valeria sólo existía en nuestros sueños,  y ahora resulta que le han salido réplicas y además  las importan de estas tierras hacia Hispania!!.  De entre todas las grandes bellezas que he nombrado, me quedo con la argentina; por lo menos tengo claro el criterio, habrá que intentarlo… ;)