"Como el sol del atardecer hería los cristales, la trama florida de las cortinas de encaje se dibujaba sobre la alfombra."
Frase que está contenida en la primera página de esta novela.
"Como el sol del atardecer hería los cristales, la trama florida de las cortinas de encaje se dibujaba sobre la alfombra."
Después de haber hecho un perro andaluz, intenté quemar todas las copias. Y cuando muera espero que quemen todo lo que he hecho. Comparto los sentimientos del Marqués de Sade. Quiero que me quemen y me arrojen a los cuatro vientos. Quiero desaparecer completamente, sin dejar rastro.
En una novela puede decirse : " Arturo, después de encender un pitillo, continuo su discurso diciendo...".La bondad de la novela depende de lo que diga Arturo, y la del film estriba en el momento de encender el cigarro".Los actores de teatro, aún sin careta, no tienen rostros. Solo tienen voz. Y el cine posee hasta silencio.
Por otra parte, yo detesto la música en el cine. Creo que no se debe usar, y mucho menos con el concepto que se hace. Eso de usar música para subrayar un sentimiento me parece deleznable, muy poco legítimo.
Todo arte, aún el más abstracto, entraña siempre una ideología, contiene un sistema completo de ideas morales. Fatalmente, estará en uno u otro polo de la moralidad.
El surrealismo no es un estado de animo. Es una manera de ver la vida. No se deja de ser surrealista. También es muy difícil convertirse al surrealismo.
Para el surrealismo el arte no era lo importante, lo importante era la vida, la manera de ver al hombre, la libertad, al amor: la vida.
Descubrí a Sade cuando me introduje en el surrealismo, a través de Robert Desnos y Roland Tual. Fue una completa revolución para mí. Extraordinario.
Nuestra devoción al Marqués de Sade, entre los surrealistas, fue siempre intelectual, por supuesto. Nos entusiasmaba su espíritu liberador, su rebeldía contumaz contra toda represión. Él, que excitaba al crimen y a los actos más atroces, fue incapaz de mandar a nadie al patíbulo cuando tuvo la oportunidad, bajo la República, se le consideró débil y traidor, y la Revolución lo encarceló.Toda su vida y su ora fue una provocación al orden establecido. Nosotros, los surrealistas, nunca fuimos sádicos, sino sadianos. Para nosotros representaba el espíritu mas libre y más inconforme de su época y de muchos decenios posteriores
En mi obra hay tres lineas. A la surrealista pertenece El ángel exterminador, la realista está ejemplificada por Tristana, mientras que La vía Lactea pertenece a la línea Teológica.
"-Pero si a usted le debe de hacer más confidencias que a mí; es usted su gran favorito, su gran crack, como dicen los ingleses."
"Indudablemente, en esas coincidencias tan perfectas, cuando la realidad se repliega y va a aplicarse sobre lo que fue por tanto tiempo objeto de nuestras ilusiones, nos lo oculta enteramente, se confunde con ello, como dos figuras iguales y superpuestas que ya no forman más que una; precisamente cuando nosotros querríamos , por el contrario, para dar a nuestra alegría su plena satisfacción, conservar a todos esos hitos de nuestro deseo, en el momento mismo que vayamos a tocarlos - y con objeto de estar más seguros de que son ellos- el prestigio de ser intangibles. Y ya el pensamiento, ni siquiera es capaz de reconstituir el estado anterior para confrontarlo con el nuevo, porque no tiene el campo libre; la amistad que hemos hecho, el recuerdo de los primeros minutos inesperados, las frases que oímos, están ahí plantados obstruyendo la entrada de nuestra conciencia, y dominan mucho más las embocaduras de nuestra memoria que de nuestra imaginación, reaccionando en mayor grado sobre nuestro pasado, que ya no somos dueños de ver sin que todo eso se interponga sobre la forma, aún libre, de nuestro porvenir."
Franqueó la doble puerta en vidrio de entrada al café-bar Almagro, 10, con la misma autoridad que exhibe un oficial inglés entrando en su cantina; iba acompañada, un par de pasos atrás de su ayudante Poztdorf; una rubia belga de generosas proporciones, cabello en media melena rubio brillante y paso grave. Ambas se dirigieron hacia un grupo de amigos que les esperaban justo al lado de donde estaba Horacio con su amigo Schmizt, cenando de pie sobre una mesa alta. A pesar del semblante de seguridad y caminar decidido, la ligera inclinación de su cabeza y tronco, parecían delatar cierta timidez, algo no poco común en personas de cierta presencia física; La Condesa Teresa Raffo, ayudada por su generosa altura, combinaba de manera precisa lo que algunas personas exquisitas logran transmitir: una pose que asume el atractivo de sus cuerpos con actitud humilde, sin ostentación, pero sin renunciar a ser lo que son, fruto de sus dones naturales.
Al tiempo que llegaba a la mesa de sus amigos, -en esos segundos desde que la vio entrar-, Horacio pensó con ironía en cómo el destino había querido que ambos se encontraran caprichosamente un segundo antes de que él, imbuido por la fatal dependencia del deseo por sentir su presencia y curiosear su rostro, fuera a escribirla por whatsapp; rebajándose a la posición del sumiso admirador que sólo consigue hundirse más y más en la sima del olvido, pues nada alimenta más la posición de superioridad del admirado, que la infatigable perseverancia del admirador.
Sin embargo, Horacio no se reconocía un admirador tal y como las gentes lo conciben. Por ejemplo: aunque le resultase sin duda placentero, no era poder emplear tiempo en escudriñar el rostro de la condesa lo que más anhelaba; algunas veces, -son las menos-, sólo se desea la presencia de la otra persona; saber que está al lado tuyo, pues su sola cercanía te hace sentirte reconfortado. Ello, le había ocurrido pocas veces en su vida.
Ahora, tras las experiencias vividas en el pasado, Horacio había aprendido a identificar ese mismo estado actual en aquellos del pasado que nacieron como pequeños hitos en su juventud amorosa, y que derivaban hacia una querencia irracional, por cuanto era la persona en sí, lo que inducía en Horacio un apego instintivo y de cierta familiaridad; un apego desvinculado de cualquier posible embelesamiento hacia su formación, cultura, u otras cualidades de la condesa; sobre las que poco a nada sabía, y por ende, carecían de toda influencia en su ensimismamiento.
Horacio no se lo dijo a Schmitz, pero un par de días antes, ella le aseguró que si se quedaba libre después de un funeral que tenia esa misma tarde, entonces estaría libre y podrían cenar. Por tanto, aquella súbita entrada de la Raffo con su ayudante significó muchas cosas a la vez, aparte de lo ya descrito. Una vez más, la realidad le hacia asumir lo que ya había sucedido en otras ocasiones entre ambos: que ella siempre inventaba excusas para no poder encontrarse con Horacio, y que para una vez en que él dejo las cosas al azar y decidió no escribirla, esperando que ella le avisara en caso de quedarse libre,- seguramente la condesa ni se acordó, pues probablemente no ocupaba sus pensamientos-, el destino le brindaba a Horacio la prueba palmaria de que ella prefería salir a despachar con otras amistades en esa noche después del funeral, que salir a cenar con él.
Ante esta situación en que la presencia de la admirada se convertía en una pequeña pesadilla, como pura representación física de la desazón de Horacio; no encontró mejor solución que mirar al plato mientras comía, implorando al azar que no tuviera por deseo que las miradas de ambos se encontraran; estando ella situada apenas a un par de metros de distancia, y sólo tapada por un amigo con el que departía animosamente.
De pronto, un par de minutos más tarde, decidió acercarse a saludarnos. Estuvo simpática y cercana. Por segunda vez, desde que se conocieron en la barra de un bar de forma muy original, las manos de ambos se solaparon en algún momento de la conversación, rozando sus falanges suavemente. En esos dos primeros encuentros, fue Horacio el que retiró su mano antes - quizá impercetible para ella-, debido al pudor que sentía por lo inesperado de una muestra de cariño que quizás sea habitual para Teresa Raffo , pero a la cual, Horacio no quería dar pábulo, por riesgo a querer mantenerla en el tiempo y producir una reacción de rechazo, cosa que trataba de evitar a toda costa.
Mostraba desparpajo al hablarles alternando su mirada entre uno y otro, pero seguía con la cabeza ligeramente inclinada. Horacio pudo recrearse en su rostro; a menudo, más que en lo que le decían las personas, se fijaba en cómo lo decían, aprovechando el tiempo para sentir lo que la expresión de su rostro le transmitía. Los ojos de La condesa estaban velados por algún pequeño derramamiento en aquella fría noche de Noviembre, y sus parpados se mostraban algo cansados; seguramente , ella nunca sabría - de no ser el propio Horacio quien se encargara de decírselo- , que aquellos pequeños signos de imperfecciones, lejos de ser desagradables, se mostraban a Horacio como exquisitos contrapuntos a la belleza general de su rostro, pues como el escritor y esteta italiano Gabriel D'annunzio le gustaba proclamar: " No hay nada peor que un rostro perfecto, sin que haya detalle alguno que le otorgue personalidad diferenciada".
La conversación duró poco, aunque fue cordial y alegre, como ella es. A partir de ese momento, Horacio se decicó a charlar con Schmitz de temas muy diversos; sin embargo, había una parte de él que quería seguir con atención los movimientos de La condesa. Y la verdad es que esta mujer, más que moverse, se desliza. Posee una cualidad natural para andar con gracilidad y elegancia de un lugar a otro de aquel local que encandila.
En varias ocasiones, fruto de sus encuentros fortuitos con amigos - no olvidemos que en estos ambientes burgueses todo el mundo se conoce- , pudo observar su rostro mientras hablaba con otras personas; para su sorpresa, fue en estas visiones dónde Teresa Raffo expresaba toda su belleza, pues Teresa, no sólo es la belleza de su rostro, sino su conjunción con los movimientos y actitudes tan dulces y exquisitos que desarrolla en cada momento de su conversación. Expresa bondad, una serena dulzura y alegría de vivir; todo ello sutilmente ponderado por unas maneras muy educadas y escogidas; todo un arte de la feminidad; - tan escaso en estos tiempos que le han tocado vivir a Horacio -, y por lo que, a menudo, procura internarse en mundos casi olvidados de sutilezas y bellezas que los mejores escritores del siglo XIX relatan en sus grandes novelas.
No obstante, Horacio es consciente de que todas estas consideraciones que a él le encandilan y le hacen ver a la condesa por dentro, - desde su comportamiento externo, captando su esencia -, o al menos, la esencia que él siente, constituyendo motor de una inspiración y atracción noble; a buen seguro tendría un nulo efecto en su potencial receptor, cuando no contraproducente, si se lo declarara de forma hablada o escrita; debido a cómo la idiosincrasia de las relaciones entre los hombres y las mujeres han ido cambiando hasta la actualidad, en un mundo que se caracteriza por las pasiones inmediatas y la constante renovación de las mismas, para huir de enfrentarse con uno mismo y su pensamiento, entre otras cosas.
Pero el que escribe este texto no quiere, y cree que no debe, dejar de expresar todas estas sensaciones vividas por Horacio, por más que ello se pudiera volver en contra de Horacio y sus intereses, o como mal menor, pasara totalmente inadvertido; porque al final, lo único que importa es la honestidad hacia uno mismo, y con ella, si no llega a los otros, será porque no se estaba hecho el uno para el otro, y quizás, los tipos de sensibilidades no concuerden, pues es milagro el que sentimientos y sensibilidades humanas terminen por ser coincidentes.
La citada noche de almagro, 10 , - fue un jueves- , que tantos frutos ofreció a Horacio, tuvo un remate estético a modo de colofón, pues en sus idas y venidas, la espigada condesa malagueña terminó por situarse en el exterior del bar para conversar con unas amistades y Horacio pudo contemplar, asombrado, la gran melena castaña que portaba cual corcel árabe; pero no quiso contarme más acerca de este capitulo, por lo que espero ganarme su confianza una vez más en el futuro, y contar más aventuras, - y desventuras-, de la vida de Horacio.
"Pero Swann estaba ciego en lo que hacía a Odette , no sólo para aquellas lagunas de su educación, sino para lo mediocre de su inteligencia.Y es más, siempre que Odette contaba un cuento estúpido, Swann la escuchaba complacido, alegre, casi admirado, como con un regazo de voluptuosidad ; y, en cambio, en la misma conversación, las cosas finas o profundas que él dijera las escuchaba Odette, por lo general, sin interés, impaciente y de prisa, y muchas veces las contradecía severamente. Y si se piensa, a la inversa, en tantas mujeres de mérito que se dejan seducir por un zopenco, implacable censor de sus más delicadas frases , mientras que ellas se extasían , con la infinita indulgencia del cariño, ante sus más vulgares tonterías, se llegará a la conclusión de que en muchos hogares es usual esa sumisión de los espíritus selectos a los vulgares".
"[...era el tipo del hombre no sólo ruin y disoluto, sino, a la vez, torpe, aunque de aquellos torpes que saben componer a las mil maravillas sus asuntos de intereses y únicamente, al parecer, tales asuntos"Los Hermanos Karamazov, 1.880. Fiódor Dostoievski.
Il était riche indiciblement, veuve mûre. Sa conservation atteint grâce à l'égoïsme, l'inconscience et une bonne hygiène, était un monument à l'injustice
« On croyait spirituel parce qu'il était acerbe et cinglante n'a été mal contenue par la peur. J'avais peur de tout. »
Et dit à un Ellé fils que je l'mari en avais aimé la comtesse Fahvésy. Alors mon visage Que pour Montré que l'expression naïve, est notre vanité réveille Constamment, il is compliment pour tous, prêt ».
« Il avait trente-deux ans, n'a pas été un excès esclave de ma mémoire et ayant été rénové, le désir m'a empêché de voir ce qui allait devenir évident, à savoir que le destin et monotonies est rien de plus que la manie où la liberté couler lentement ».
« Je craignais que les faiblesses Marianne étaient au-delà de ma faiblesse de la force a le pouvoir infini sur la force et cela ne peut jamais battre que, au moins quand il l'a épousée. Cela peut être vu dans tous les mariages.
« Il y a toujours me sournoises ne cassera pas la dernière écluse d'un cœur féminin ne doit pas être traîné ».
.
"Era abominablemente rica, viuda y ya madura. Su perfecta conservación conseguida gracias al egoísmo, la inconsciencia y la buena higiene, eran un monumento a la injusticia".
Nota: Esta frase estaba en una de las últimas hojas, pero, por su extrema agudeza, merecía estar en los primeros puestos de esta relación..
"Se creía espiritual porque era mordaz y su mordacidad no era sino maldad contenida por el miedo. Pues tenía miedo de todo".
"...Y ella aseguró a su marido que yo había gustado a la condesa Fahvésy. Mientras mi rostro mostraba aquella expresión ingenua, que nuestra vanidad, constantemente despierta, mantiene dispuesta para cualquier halago".
"Por qué no visité a Gabriele?, no me gustan los hombres célebres: huí de ellos como huí de las más hermosas mujeres, por toda la herrumbre que les cubre. Sólo a mi pesar he mantenido algunos contactos y no hice nada para incitarles a una mayor intimidad. Prefiero haber conocido a ciertos espíritus ignorados, que solo más tarde serían turbados por la gloria, y que me entregaron su relativa inocencia, bastante inclinada hacia la violación".
"Mi mirada estaba fija pero mi espíritu estaba ausente. Y el deseo pasa por el espíritu".
"La condesa exigió un menú ridículamente escaso; lo que me hizo sentir incómodo frente al maitre: experimentar los supuestos sentimientos de los servidores era uno de mis defectos pequeñoburgueses".
"La rigurosa simplicidad, la inocente crudeza con la que se confesaba, me parecieron la prueba del único pudor verdadero, el que resiste a la vida que despoja y desnuda. Pero el pudor es la propia palpitación del alma. Por lo tanto tenía un alma. Era precisamente porque tenía un alma que, según yo acostumbraba, me había desorientado frente a ella".
"Las mujeres se quejan de la brusquedad de los hombres , pero cuando encuentran a un hombre que es sensible a las ceremonias del amor, jamás tienen tiempo para él".
"Tenia treinta y dos años; no era en exceso esclavo de mi memoria y habiéndome renovado, el deseo me impedía ver lo que más tarde se haría evidente, a saber que el destino y sus monotonías no es otra cosa que la manía en la que poco a poco se hunde la libertad".
"Temí que las debilidades de Marianne fueran superiores a mis fuerzas. La debilidad posee un infinito poder sobre la fuerza y ésta jamás puede vencer a aquella, al menos cuando se ha casado con ella: eso puede verse en todos los matrimonios".
"Me ayudó la llegada de una pareja conocida. Era un inglés casado con una rusa; aquel hijo de lord se había hecho anticuario en la rue Saint - Honoré y se había casado con una hermosa rusa que era maniquí. Ambos eran de impecable belleza, y para prolongar el placer que experimentaba al contemplarles, les seguía a todas partes. Aquello me forzó a hacer el recorrido de los príncipes, los duques y los marqueses. Sentía junto a aquellos seres altos y rubios una comodidad deliciosa; todos mis pecados eran perdonados, dejaba de rebelarme y revolverme contra el orden constituido. Puesto que el mundo contenía algo bello".
"Existe siempre en mí la solapada voluntad de no romper la última esclusa de un corazón femenino para no ser arrastrado".
" El desprecio hiere más a quien desprecia que al despreciado".
Sobre Roma:
".... una ciudad agotada por el tedio de vivir , y de seguir siendo grande e interpelar a un universo que no sabe que hacer con tanta magnificencia".
"...y se veía circular por los pasillos aquellas figuras fatigadas, replegadas sobre su prestigio, delicadamente desdeñosas, lejanamente enlutadas..."
"La tomé en mis brazos y la traté con infinita consideración. Hicimos el amor por primera vez de un modo íntimo, verdaderamente carnal, es decir, verdaderamente espiritual".
"...todo indicaba que yo estaba condenado a la soledad. La soledad, la maravillosa soledad. roma me pertenecía, como parís. Como toda la tierra. Sólo tenía que andar. ¿Qué falta me hacían los humanos?, no eran más que una fastidiosa multiplicación de mí mismo. estaba solo en medio del mundo".
"Me hallaba en uno de esos momentos en los que percibo a la perfección el carácter ascético de mi preferencia por las prostitutas. No quería ensuciarme con aquella carrera* que me tendía una trama mezquina. su belleza aparentemente generosa y la magnificencia de su cuerpo no me engañaban. Y tampoco quería humillar a Edwige, por la que sentía mucho respeto".
carrera* - La princesa Margarita Carrera
"Años de inconsciencia en los que se defiende el yo sin conocerlo; únicos años en los que el yo existe realmente, como una planta que crece. Luego, con la conciencia llega el conocimiento de la repetición, del otra vez".
"Fascinado, me era preciso mirar a aquellos humanos que no sabían, que no parecían saber que la muerte está en la vida y que el amor no aparece en los corazones más que para roerlos, destruirlos, o mejor, desvelar su abierto vacío".
"Ciertamente en aquellos momentos era casi feliz. Esta es, sin embargo, una palabra impropia por completo pues, para mí, jamás ha sido cuestión de felicidad. En verdad llegué a creer vagamente en ella, hablé de ella en accesos de entusiasmo, me la prometí y la prometí a amantes y amigos. Pero, en definitiva, jamás la he buscado con demasiado interés. Pero lo que jamás he buscado tampoco porque siempre lo he poseído es el goce, el íntimo goce de la vida. La felicidad es algo demasiado vasto y demasiado vago. Elijo la palabra goce para designar lo que he deseado y he tenido. No he gozado de mí en la soledad de mi corazón, me siento poco vinculado a mi mismo, pese a que en momentos de despecho y envidia pueda parecer lo contrario; he gozado la vida en el tránsito de mi conciencia. He gozado sin pesar y sin pesadumbre. Y el goce del que hablo está hecho de una indeleble mezcla de pena y alegría, angustia y tranquilidad, y todo en una prodigiosa inmovilidad. Este es el prodigio de mi vida: mi inmovilidad. Cierto que me ha costado mucho tiempo comprender que tal prodigio era mi razón de ser y justificarlo así, simple y llanamente, ante mi conciencia. Me avergonzó a menudo, fui atraído, inquietado por el reverso de mi naturaleza, soñé en una acción que fuera agitación, no me creí apto para la acción. Sólo el día en que reconocí, admití, aprobé en mi la inmovilidad pude simultáneamente reconocer el principio de la acción que se hallaba en dicha inmovilidad. Digamos, entonces, estabilidad mejor que inmovilidad."
Interludio romano. Pierre Drieu la rochelle.