le feu follet

le feu follet
"Hay momentos de la existencia en que el tiempo
y la extensión son más profundos y el sentimiento
de la existencia parece inmensamente aumentado".


Charles Baudelaire.

martes, 31 de mayo de 2016

Turbación.



Desde luego, qué espejismo es la vida. Iba en mi coche conduciendo y observando cómo todo se movía y funcionaba a mi alrededor en la ciudad. Los coches se mueven, las personas hablan, interaccionan, las plantas en primavera florecen. Y me dije a mí mismo, -después de una parada en mi pensamiento - : ¿ esto es lo normal?, ¿esto que está pasando es lo que pasa siempre?, ¿ la vida es lo natural, lo que siempre está?. Recibí un mazazo, un desconcierto al darme cuenta de que no, de que lo normal es la muerte, Lo normal es la nada de lo que un día existió y ya no existe ni existirá, sumado a todo aquello que existe en potencia en el futuro, pero de facto no es, no es nada, no esta vivo. De manera que, contemplando la cantidad de organismos y tiempo -temporalidad-  que ya están muertos,   imagino perturbado toda esa pléyade temporal cuasi infinita que es no vida, es muerte. 

La vida tan solo existe en un infinitésimo temporal que es el presente, y que acompaña al tiempo en su devenir, y justo ahí, en ese punto obscénamente diminuto  y milagroso, estamos nosotros, vivos. 

Así que resulta desconcertante ver el devenir diario de la vida que nos rodea y darse cuenta de que es un espejismo, que vivimos en la mayor de la excepciones temporales de la temporalidad, (que es la temporalidad - vida ),  y que esto que estamos sintiendo en estos momentos es inaudítamente excepcional y no es en ningún modo la normalidad de la naturaleza, es decir, la mayor parte de la naturaleza está muerta. Ya ha vivido durante millones de años y lleva millones de años muerta, es absolutamente desconcertante, me quedo sin adjetivos.

Ahora bien,  la siguiente reflexión - y esto se me esta ocurriendo sobre la marcha- ,  que me nace a partir de la primera turbacíón es que , para más inri y paradoja, resulta que para que este ínfimo estadío de vida y tiempo en conjunción - coordenadas espacio temporales y vida-,  tenga lugar,   no hay más  narices que haber transitado por todos los estadíos anteriores de vida - muerte  que han precedido a este preciso instante presente en que la vida "existe y es" ;  por tanto, todo aquello que está muerto y  ya no es, y que constituye el cuasi todo del devenir del tiempo, está de alguna manera presente en este momento o instante en que la vida es vida y ya no es muerte. Para decirlo más claramente, toda la historia del tiempo, toda la muerte extendida a lo largo de los siglos, de los milenios y millones de años, está concentrada en términos de evolución causa efecto en un solo instante presente que es la propia vida. La vida es aquello que dura un segundo y proviene de toda la muerte de la historia del tiempo. 








lunes, 30 de mayo de 2016

El verano.






Murió en septiembre de 1728. Septiembre otra vez. No había nada que hubiera amado tanto como el verano, los últimos días del estío, la espesa y suave textura de su luz.




Pascal Quinard. La lección de música. 1987.






Un Pálpito.




Fue después de colgar el teléfono,  en una de sus numerosas llamadas desde París. Volví a sentir ese pálpito que te roba la consciencia del tiempo, como siempre sucede,  - cuando ocurre -.   Me envió un pequeño texto que no esperaba recibir,  y mucho menos en forma de reconocimiento tan desnudo y brutalmente directo, desgarrando mi sensibilidad. Tantas conversaciones de un interés desinteresado, o más bien de un interés amoroso, de apuesta por el otro, por ser colaborador de sus sueños y guardián de sus debilidades.

Has de confiar en mí, pero sobretodo en ti. Descúbrete otra vez. Abre un capítulo de tu vida con un inicio que sólo tenga  final en el horizonte temporal de dos vidas unidas; déjate agarrar mi antebrazo en el tuyo,  como los romanos.  







sábado, 14 de mayo de 2016

Dilema.



Constantemente la vida nos pone en situaciones en las que hemos de elegir. De nuestra iniciativa puede depender cambiar la realidad que nos rodea y las realidades que nos constituyen, o que las realidades nos sobrevengan sin nosotros intervenir en ellas, al menos no conscientemente. Uno de los grandes asuntos de nuestra vida es el amor. Ahora mismo me encuentro en una encrucijada; ¿qué hacer si conoces a una mujer en la que vislumbras un potencial que sientes puede llenarte hasta el resto de tus días, y ella, a su vez, -otorgándote un valor humano con el cual desea interaccionar-, no llega a decidirse por profundizar,  ya sea bien por estar en un momento de desarrollo personal, o bien porque quizás no vea claro que yo sea esa persona que la pueda complementar per sé, como yo si lo intuyo?.

A menudo ser sabio significa dejar las cosas fluir, no intervenir dejando que sea el destino el que dicte la evolución de los acontecimientos;  esta inacción puede ser una señal de respeto hacia nosotros mismos, una especie de renuncia a forzar las cosas y un gusto por no desear aquello que no nos es dado de forma natural, sobre todo en el amor. Sin embargo, me alberga la duda de si esa intuición que me acompaña cada vez que ella está en mi pensamiento, - de si debiera luchar por ello, por intentar sugestionarle el horizonte que veo y que ella lo pudiera llegar a sentir como yo- sea la mejor opción. ¿Puede una mujer tomar conciencia amorosa  por la perseverancia de un hombre?.  ¿Hasta qué punto o límite podemos - legítimamente - luchar por la mujer que creemos puede ser la de nuestra vida, sin caer en una obstinación que nos despoje de cierta dignidad?. Quizás esta sea la primera vez en que siento que he conocido a una mujer a la que seguir;  sí, una mujer a la que admirar también;  pero sobre todo, a la que deseo acompañar en su periplo vital,  al mismo tiempo que ella me complemente a mí en mis inquietudes vitales. 
Muchas de estas inquietudes son compartidas, curiosamente, por tener un tipo de inteligencia similar, y un espíritu deseoso de crecer.

Qué bonito es encontrar a alguien a quién seguir, alguien con quien quieras estar a su lado en sus proyectos, - haciéndolos tuyos- . Me alegro de haberme topado con ella, me ha dado esperanza,  pues he despejado la duda de si yo estaba buscando una mujer que no existía, y haber ratificado que mi entusiasmo por encontrar una mujer a la que admirar  y seguir no era una idea utópica. Desde esta experiencia vital que he acumulado y la cantidad de mujeres a las que he dicho no, ahora puedo sentirme  tranquilo – en realidad lo estaba- pues tenía claro que debía escuchar siempre a mi corazón;  pero,  ¿acaso mi corazón buscaba sensibilidades femeninas extrañas que no existen, personalidades quiméricas?;  ¿quizás mi búsqueda era producto del hastío de tanto conocer, en una búsqueda de cierta singularidad que atenúe el tedio de lo standard?. Bueno, hace tiempo que me llaman la atención mujeres singulares, lo que pudiera considerarse un capricho por lo novedoso, he confirmado que puede integrar el tipo de mujer que necesito en mi vida; pero, cuidado, que hay pocas como esta, así que: ¿dejar marchar con posibilidad de vuelta, o intentar perseverar por conseguirla?.




viernes, 13 de mayo de 2016

"Parce que" la vida se me parece al Cine.




En París vive una mujer de facciones suaves con la cual puedo recuperar una letanía temporal ya relegada al ostracismo,  en que las personas , allá por el siglo XVIII, afloraban sus pasiones íntimas acerca de la vida y el arte vivir mediante respetuosas cartas que forjaban duraderas relaciones epistolares. Cada texto-partitura,  escrito-a,  era un misterio que se revela de forma física en papel ,  - mensaje corpóreo -, con tinta vertida por manos  sensibles. Memoria de cartas almacenadas en montón;  por centenares escribían los ilustrados franceses. Me viene al recuerdo Madame de Châtelet, - de nombre Emilie, te ves cercana - . ¿Dónde te haces presente ahora?, en este siglo perdido entre lo volátil e instantáneo de una vida sin fuste al que asirse, y una perentoria urgencia por la nada instalada en la virtualidad del cambio por el cambio. 

Tierna dama refinada y de resorte cultural inquieto, culta,  desprejuiciada; Sí,  Châtelet, quiero ser tu Voltaire. Verás,  mi Flâneur parisina , a poco que medites sobre ello, que una vida en común ha de contener proyecciones paralelas con intereses complementarios; el amor se hastía por tantos desayunos sin una mermelada que varíe de gusto;  de reiteradas noches del desvelo inherente al desconcierto de la rutina sin contenido, - la que mata a base de notas iguales de igual tempo- .  El secreto está en el tempo, sólo hay que variar el tempo para que la rutina alcance a la costumbre, y después  convertirse en tradición, completando el ciclo de lo que nos hace unirnos,  creando la historia de las relaciones,  de las familias;   así con todo,   nación y cultura.

Tú eres el origen del motivo que me hace brotar a través de  esta  escritura con vocación de ida y vuelta. Viví por tu acción  un día Bressoniano - de Robert,  nada de Cartier-,  porque lo nuestro fue imagen en movimiento,  un real discurrir del tiempo en imagen tras imagen que quedó impreso en mi memoria; una jornada segoviana de verdadero filme. En las películas de Bresson, el espectador sufre un proceso de acumulación emotiva. La estrategia de Bresson consiste en que los personajes van interiorizando los conflictos y emociones que sienten. La gestualidad se encuentra en un punto límite en el que podemos notar que el personaje está cargándose de emociones, sin embargo,  no hay una expresión clara de esas emociones según las van viviendo e interiorizando, no las expresan. De esta manera, según avanza el metraje, pareciera que los personajes van acumulando emociones y almacenándolas en su interior, sus gestos son muy sucintos, sutiles, casi imperceptibles, reina el silencio; los diálogos son muy escuetos y los tonos de voz muy lineales,   pero llegan a la sensibilidad del espectador indirectamente en forma de continumm emotivo. Sólo al final, en el desenlace, toda esta emoción contenida se descarga y libera en la secuencia final. Ha merecido la pena la tensa espera, pues todo ese proceso acumulativo toma un sentido en la apoteosis de la escena final, y la película queda completa de significado. 



En esta ocasión el filme costaba de dos personajes. Ella y yo. Pero yo llevaba la cámara, ,de manera que, realmente, aunque yo participaba para que su performance tuviera lugar, la actriz era siempre ella, y es el objeto de mi emoción. Fueron seis horas ininterrumpidas de compañía y conversación entre las calles y monumentos de la que pienso es una de las ciudades más valiosas de España: Segovia. Todo lo francés me gusta: la literatura, su cine, su afición a la cultura. Pero la mujer francesa, y más la parisina con vocación internacional, ostenta el climax de mi atención y admiración. Emily es una mujer con una gran clase. Su rostro es tan bello…. , Tienes los labios , la boca y el suave mentón de la chica con la se cruza Alain Delon ( el hermético Jeff Costello en Le samuraï), ambos se miraron en un semáforo desde cada uno de sus respectivos coches. Te dije que era igual que tú aquella chica parisina que Melville escogió para mirar a “Le samuraï”. 





Retomo a Bresson: Nuestro día segoviano fue acumulando gestos, miradas de las que no esperas consecuencias inmediatas pero sí te reconfortan recorriendo las pequeñas fibras sensibles del cuerpo, suaves y tímidas caricias a la cabellera mientras rodeábamos la muralla medieval. En las plazoletas, sentados en bancos de granito contemplábamos fuentes regentadas por palomas fugaces y nuestros cuerpos  apoyaban sutilmente sus pesos sintiéndonos el uno al otro sin necesidad de anclarnos con las manos. No obstante, a pesar de  mis intentos por empatizar,  siempre hay un muro que se hace presente sin estar; un plano de vidrio que se sitúa entre ambos e impide la comunicación a un nivel emocional superior, - el siguiente escalón en la comunicación no verbal - aquél que implica el exponerse al otro, el mostrarse tal cual,  sin una profilaxis que salvaguarde el punto interior que nos hace vulnerables al otro.

Aquella jornada, ya después de vivir el atardecer segoviano y haber regresado a Madrid, me brindó una cena italiana por el barrio de Almagro aún con su exclusiva compañía. Sumábamos ya 12 horas juntos. Ambos mirábamos al resto del restaurante desde nuestro banquito almohadillado, muy confortable para deslizarte y recolocar el cuerpo ,inclinándolo, apoyado hombro con hombro. Recapitulaba y sentía la energía almacenada a través  de sucesión de pequeñas vivencias que habíamos compartido, pero..., ¿dónde estaba mi última secuencia bressoniana?, ¿acaso aquella energía casi imperceptible pero constante que fuimos acumulando no habría de liberarse?. 

Estábamos con el postre, y a cada cucharada en que al tiempo degustaba mirando a su entorno, yo aprovechaba para contemplarla,  porque es placer de privilegio poder captar cómo la luz perfila su contorno facial, tan poblado de curvas exactas, idóneas en su sensualidad y certeras por su elegante refinamiento.
De entre sus pronunciadas pestañas emergen unos ojos que destacan tanto su curvatura esférica, que puedes sentir como si la estuvieras mirando de frente. Su perfil transmite casi tanto como su mirada frontal.  Pues fue en una de esa cucharadas de postre helado, donde , sin yo esperarlo,- en respuesta a un comentario mío de cualquier tipo-, hizo que girara la cabeza para mirarme frontalmente,  tan cerca, y con una expresión liberadora de sí misma , en la que ese vidrio virtual que nos separaba quedó disuelto por la combinación de su amplia sonrisa perfectamente relajada  y una mirada que por fin carecía de velo, transmitiendo una alegría sincera en la que podía perfectamente advertir cómo su vulnerabilidad emergía desde su punto débil interior y se me ofrecía toda ella a mi, tal como es. Esta mirada, que se repitió una vez más casi seguidamente, tras tres segundos, fue la liberación de la última escena  que puso punto final a  nuestra larga película de 12 horas. Mereció la pena, pues tras una  constante  contención latente, por fin se liberó de  las riendas de su bocado,  para dar una cara totalmente íntima en un momento de unión entre los dos,  que provocó - a modo de títulos de crédito finales - una salida a paseo del restaurante abrazados cintura con cintura, camino al coche, y sin la necesidad del beso que refrende nada, pues esto es una película que se pueda convertir en serie.








viernes, 29 de abril de 2016

Habitación 7-1




Hoy está candasa, bueno, quizás está  algo baja de moral. Cada día trae un semblante diferente. Al principio, si la notaba un poco triste o fría, lo atribuía a una distancia que imponía como respuesta a mi sutil  coqueteo.

Siendo franco, no sé qué hago o dejo de hacer con respecto a ella; esta situación es de naturaleza tan singular, que me pilla de nuevas, sin armas. En esta caso,- la libertad  del corazón abierto a interaccionar-, la que sigue por sentirse liberado para ser tú mismo con respeto a la otra persona, queda cercenada;  lo que pierdo en identidad-libertad,  lo gano en sutilezas. Mi  ingenio se agudiza mientras el espíritu me dice que se siente algo apesadumbrado.

Fue a principios de Abril cuando le abrí mi puerta. Va a terminar el mes y mis ensoñaciones ya están en avanzado desarrollo de locura. Entre nosotros, o existe la luz de un día azul de estos que nos deslumbran, o caen jarros de agua. En uno de esos días bañados por el sol, consigo con requiebros entrar en conversaciones sobre su vida, me encanta verla disfrutar contando cosas que le atañen, es en esos momentos cuando abre una pequeña ventanita y me cuelo dentro de su salón interior. Puedo deambular como un niño toqueteando todo lo que encuentro a mi paso, probando que me dice cada pequeño objeto que ahí se encuentra, escondidos al gran público.


Cuando habla de algún logro de conocidos suyos, proyecta una felicidad serenamente desbordada. Un alma virtuosa ha ido a desembocar en mi vida. Agradezco al destino la oportunidad de poder disfrutar de personas que se alegran con el bien de los demás. Estas son las cosas que me alegran la vida, los verdaderos hitos que nos hacen sentirnos vivos advirtiendo la felicidad del ajeno, y en ella , verdaderamente, todo se torna especial bajo ese rostro que emana calidez.  Ella transforma la felicidad en una cadena de sentimientos transportados desde la escena que describe mientras mira ensimismada musitando la situación, - extrayéndola de otro lugar y otro tiempo -, provocando que  atraviese sus suaves formas corporales , dejándolas sobrecogidas y satisfechas, hasta llegar a mí , mientras la contemplo con verdadera devoción.





martes, 12 de abril de 2016

Un regalo a los que estamos vivos.




Quiero tomar como ejemplo de vida las palabras de esta niña. Por eso lo publico en mi blog. Este texto pasará a formar parte de mi referencia en el día a dia para aprender a vivir, y ser agradecido a la vida. Pertenece a una niña británica que escribió un texto de unas 3.000 palabras sobre el que los padres han hecho público un extracto del mismo. Lo escribió en el  reverso del espejo de su cuarto antes de fallecer por un cáncer terminal que se le diagnostico. Sus palabras nos deberían guiar a todos. 





"La felicidad depende de nosotros mismos. Quizá no se trata de tener un final feliz. Quizá se trata de lo que hemos vivido. El propósito de la vida es una vida con propósito. La diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario está en ese pequeño extra. La felicidad es una dirección, no un destino. Gracias por existir. Sed felices, libres, creed, sed siempre jóvenes. Conocéis mi nombre, pero no mi historia. Habéis escuchado lo que he hecho, pero no por lo que he pasado. El amor es como un cristal, parece encantador pero se rompe con facilidad. El amor es raro, la vida es extraña, nada dura para siempre y la gente cambia. Cada día es especial, así que aprovechad al máximo. Mañana podéis tener una enfermedad terminal, así que aprovechad al máximo cada día. La vida es mala solo si vosotros la hacéis mala. Si alguien os ama, entonces no debéis dejarle escapar sin importar lo dura que sea la situación. Recordad que la vida está llena de subidas y bajadas.

Nunca renunciéis a algo si no podéis dejar pasar un día sin pensar en ello. Quiero ser esa joven que hace mejores los malos días y la que hace que digas: “mi vida ha cambiado desde que la conocí”. El amor no depende de cuántas veces digas “te amo”, sino de cuantas veces puedas demostrar que es cierto. El amor es como el viento, se puede sentir pero no se puede ver. Estoy esperando a enamorarme de alguien a quien pueda abrirle mi corazón. El amor no es sobre la persona que puedas visualizar pasando el futuro contigo, es sobre la que puedas visualizar pasando la vida contigo. La vida es un juego para todos pero el amor es el premio. Sólo yo puedo juzgarme. A veces el amor duele. Ahora estoy peleando conmigo misma. Puedo sentir su dolor. Los sueños son mi realidad. Duele pero está bien, estoy acostumbrada. No os apresuréis a juzgarme, solo ven lo que yo quise que vierais. No conocéis la verdad. Sólo quiero divertirme y ser feliz sin ser juzgada. Esta es mi vida, no la vuestra, no os preocupéis por lo que hago. La gente os va a odiar, os va a calificar, os va a destrozar, pero lo que seáis capaces de soportar es lo que os hace a vosotros mismos ¡A vosotros mismos! No hay necesidad de llorar, porque sé que estaréis a mi lado".






sábado, 9 de abril de 2016

Una entre un millón.



A menudo se considera que aquel hombre ejerce su hegemonía sobre las mujeres es un hombre exitoso. Coleccionar amores siendo la parte dominante de una pareja - el conquistador - puede tener su atractivo.  Sin embargo, es un papel en realidad epidérmico, teñido de vanidad y falta de ambición espiritual;  pero nadie puede elegir tropezarse con su femme fatale para revelar la banalidad de sus amoríos pasados. Creo que pocos hombres conocen a aquella mujer por la que pierden toda voluntad,  aquella mujer que cuando está presente delante de ellos,  dejan de ser ellos mismos para quizás ser aquel ser que realmente son, porque su sola presencia ejerce un poder de atracción tan irracional como peligroso para ese hombre; son cielo e infierno a la vez, lo sublime y la fatalidad al mismo tiempo.

sólo es esa mujer que de entre todas,  te vuelve el ser más vulnerable, y ese sentimiento de debilidad primigenia, -casi  embrionario-, abre la senda para desmontar las capas más íntimas del corazón de un hombre;  al contrario de lo que la creencia social hoy en día piensa, le hace a uno sentirse más hombre que nunca, sacando a relucir la conexión más intensa entre la percepción de uno mismo y el sentimiento de estar intensamente vivo. Nunca me he sentido tan hombre como cuando su presencia me debilita y desnuda mi esencia masculina más íntima en interacción irracional con su poder femenino. 








martes, 15 de marzo de 2016

Cierra los ojos.








Dale al Play en el  vídeo. Deja tu habitación a oscuras e imagínate que con los acordes de esta canción estás en el asiento de copiloto en un coche; el conductor se acerca, se desliza hacia ti lentamente con la cabeza apoyada aún sobre el respaldo, tú a su vez, te acercas silente, también con tu cabeza recostada. Ambos rostros están muy cerca y se miran, mientras, sienten cómo la música de esta íntima canción se mezcla entre sus miradas. Es de noche,  y la oscuridad les aísla a ambos de la actividad de la cuidad. Poco a poco, al tiempo en que ya suenan los acordes de los coros armoniosos de esta maravillosa canción, ambos se acercan más;  sus cabezas han ido ondulando suavemente en movimientos armoniosos sintiendo cómo la música les envuelve inundando toda la superficie de su pequeño habitáculo; mientras,  se siguen contemplando, -no se ríen-, se dedican a admirarse en la intimidad de su  cálido recinto aparcado en una calle anónima de Madrid.
Después de dos minutos, ya imbuidos de esta clima de confianza y armonía, los labios de ambos se tocan, sus pliegues quedan solapados y ya no se separaran más en los minutos restantes en que esta canción viva; los movimientos de sus bocas serán suaves como los acordes de los coros,  y tan íntimos como la voz de su cantante. Todo resultará tan natural que ambos percibirán que de repente han traspasado la barrera de las distancias entre los individuos y se sentirán unidos el uno al otro a través del interior, pudiendo mirarse ambos desde ese punto de inflexión en adelante como si ya sumaran un nuevo yo entre los dos. 
Para cada uno de ellos, el otro le hará ser feliz en su presencia,  de forma que ambos , en conjunción, muestren la mejor versión de sí mismos,  unidos y formando un equipo que se proyecta siempre hacia el futuro con alegría"



Dedicado a Emily.


Divagaciones de Samaniego: Leox Caras y Holy-Motors.




 " La belleza del gesto"

                         


[ ... el amor como compromiso esencial y supremo y la posibilidad de la más alta realización de la libertad, en la medida , precisamente, en que nos compromete con otro ser.



Alberto Ruiz de Samaniego, sobre el cine de Leox Carax en Holy - Motors.




domingo, 21 de febrero de 2016

Apoyada sobre el muro.





Por fin nos despedimos de unos desconocidos para mí,  conocidos por ella. Avanzamos unos metros por la acera y ya me sentí libre para rodear su cintura,  mientras caminábamos hacia el coche. Un buen rato de contención en público me hizo poder saborear  con mayor regocijo el disfrute mutuo. Por fin volvíamos a la agradable rutina de acariciarnos constantemente, mirarnos con complicidad cada pocos pasos, y besarnos sin límite en cada espera para cruzar cualquier calle.  Serían alrededor de las 4 de la madrugada. Poco quedaba ya por hacer, salvo llevarla a casa de sus padres y disfrutar por el camino  de nuestra intimidad lejos de la distancia que nos dictaba el estar en público.

Caminábamos por una de las aceras de la embajada de EEUU, la acera estaba poblada por las hojas de los plátanos que son símbolo arbóreo de las calles de Madrid. Sus tonos amarillos, a veces muy luminosos, comparte el suelo en armonía cromática con el suave color grisáceo de las aceras. A un lado nos flanqueaban los troncos de los árboles, al otro un imponente muro de la valla de la embajada.
La temperatura era fresca, pero en ningún modo incómoda. Los dos sentíamos una  pequeña  euforia en la conversación  por ser dueños de nuestra intimidad en el solitario Madrid de las madrugadas de otoño.
No quería que aquel feliz trance en forma de  paseo terminara. Me sentía feliz por advertir que aquellos momentos tan sencillos me eran tan gratos, y  tener la sensación de que no necesitaba nada más que a ella arropada por mi brazo en su cintura,  nuestro alegre paseo y el relajante paisaje urbano nocturno de Madrid.

Ella aminoró,  soltándose suavemente  de mi cintura.  Se detuvo  e  inclinó su cuerpo graciosamente para apoyarse en el muro; ya es la segunda vez que interrumpe un paseo para apoyar su esbelta figura, su espigado cuerpo curvilíneo sobre un muro callejero que limitaba con la embajada.  “He parado para mirarte” –  me susurraba dulcemente mientras me miraba con una amplia sonrisa - . He descubierto lo agradable que me resulta poder mirarla de cerca, cuanto más cerca estoy de su rostro, más te cautiva la acción conjunta de sus expresivos y dulces ojos,  más una media sonrisa entre bondadosa y complacida. Ya el tiempo no cuenta.

Empezamos a contemplarnos, a recrear nuestras miradas el uno en el otro, apoyamos nuestros antebrazos en los hombros del otro, nos abrazamos, nos cogemos de la cintura alternadamente. Ya el tiempo no cuenta.


Mientras, hablamos de cualquier tontería, cualquier carantoña es válida para tocarnos, para conocernos a través del tacto de nuestros cuerpos en conjunción;  nuestras miradas constantemente cómplices y juguetonas, sabedores de que este juego es tan intenso y gratificante como verdadero y trascendente. Quizás sea esta mezcla entre juego y proyecto común el que hace que estos momentos se proyecten en el tiempo, y una breve parada de una pareja sobre un muro se convierta en 40 minutos.





miércoles, 17 de febrero de 2016

Nuestro portal.




Noche tras noche,  situados en el límite de la puerta de acceso a tu portal, nos besamos apasionadamente. Después de nueve horas ininterrumpidas de besos,  caricias, miradas cómplices y conversaciones de todo tipo, - nueve horas que iban ser un café de una hora; lo nuestro es inevitable,  imparable- ;   llega la hora de que MP entre por su portal camino a su apartamento. La excitación amorosa es tal, nos rodea, colma nuestros sentidos de tal manera, que el hecho  de romper la impetuosa continuidad de nuestros besos y carantoñas parece un objetivo difícil, casi imposible de cumplir. Salimos del coche y te rodeo con mis brazos por detrás, apoyando mi cabeza sobre tu rotundo y recto hombro de mujer esbelta; vas girando tu cuello esperando que yo te bese la mejilla, sonríes;  caminamos juntos unos metros y te ríes abiertamente, mientras, aprieto con fuerza mis brazos para sentir tu vientre de mujer.

Llegamos al quicio de la puerta del portal, la entrada tiene un escalón de granito. Siempre nos situamos elevados en ese límite, jugando a alternar nuestras posiciones en él,  unas veces tú, otras veces yo. Tú,  casi siempre te sitúas apoyada en la puerta,  esperando a que yo te asalte apasionadamente unas veces, con ternura en otras. Te vuelvo a rodear con mis brazos, -esta vez enfrentado a ti- ; no puedo evitar acercarme con decisión y sentir nuestros cuerpos más entrelazados al apoyarte sobre la puerta. Nos besamos repetidamente con besos largos y otros pequeños que saben a gloria. Después,  paro un poco,  y cogiendo tus dos manos me separo un poco para poder contemplarnos mutuamente, con ternura y conscientes de nuestra pasión. Me dices que te has de marchar, -son las dos de la madrugada-, pero ambos sabemos que es imposible;  las ganas de estar fundidos, de que nuestros cuerpos estén en permanente contacto son tan grandes que llevamos ya 10 minutos de amor sobre ese escalón de granito y la portezuela de madera ocrre como testigo. Es navidad, y a través del cristalito translúcido de la puerta sentimos los destellos de luz parpadeante que perfilan  tu silueta con sus brillos;  es el arbolito que tú colocaste en la entrada.

Retomamos nuestros abrazos;  los  besos se tornan más compulsivos porque sabemos que el final se ha de producir. Durante  algunos instantes, mientras tú te sonríes con esa mirada tan cálida que te caracteriza,  tengo pensamientos que me hacen reflexionar sobre la intensidad de lo que estamos viviendo; oigo un ruido al otro lado de la calle, y dirijo mi mirada a algún lugar del edificio de en frente; me pregunto si alguien está siendo testigo de esta escena de amor ilusionante que los dos vivimos cada noche en este mismo rinconcito;  imagino que habrá de haber alguien que sea testigo de nuestro amor, debería haberlo. Es tan bonito,  tan limpio,  puro,  inocente y sincera nuestra atracción,  que me asalta de repente el pensamiento de que esto podría acabar;  ¿y si esto no durara para siempre?;  es tan bonito que me da miedo que termine, como el niño de Proust cuando espera el beso de su madre y lo anhela tanto que casi prefiere no recibirlo,  por el temor al sentimiento de pérdida posterior.

Me gustas. Abres la puerta apoyando tu espalda sobre la hoja mientras fijas tu mirada en el infinito como ensimismada , - realmente sólo la entornas-, y te yergues estática mientras yo te asalto otra vez.

 – No te vayas, espera.

El óvalo entero te vuelve a sonreír con una expresión de felicidad que se puede advertir en cada pequeña detalle de tu expresión facial.

Entramos en un bucle de pequeñas despedidas que en realidad se diluyen en una voluntad quebradiza debido a la fuerza de la pasión; sabemos que no es posible aún despedirnos. Abres la puerta totalmente y parece que vas a darme la espalda definitivamente. Sólo es un amago.  Te das la vuelta y con la perspectiva que me confiere estar ya en la acera,   puedo contemplar tu esbelta figura de mujer,  tan estilizada y jovial.   Sólo una personalidad como la tuya puede mover ese maravilloso cuerpo con tal gracia y sutileza elegante, con un estilo tan personal que te hace única. Qué placer visual.

No pienso dejarte marchar así;  corro hacia ti y te dejas alcanzar dejando tu cuerpo entregado sobre mis brazos mientras vuelves a reír con dulzura.

- Hay que marcharse, tu madre no va a poder entender cómo una despedida dura tanto.

- Sí, he de irme, ¡mañana nos veremos otra vez!


Empiezas a girar tu espalda,  finalmente das  un par de pasos,  y, súbitamente,- consciente de que sigo ahí admirándote y pidiendo un último beso Proustiano-, te das la vuelta con energía, te abalanzas enérgicamente  sobre mí y me das un solo beso;  ese beso que resume toda una maravillosa jornada de 9 horas. Estoy extenuado; felizmente vaciado de amor.

La puerta esta cerrada; me quedo mirando hacia la acera confuso, como un animalillo que acaba de despertar de un sueño extraño, confundido;  ahora estoy en la calle y finalmente, antes de partir, dirijo la mirada hacia ese lugar en el edificio de la acera de enfrente donde debe estar ese testigo anónimo; ahí debes estar, tras el reflejo de alguna ventana.












martes, 16 de febrero de 2016

El temor al deseo.




Proust, en un pasaje del volumen uno de “El tiempo perdido”,  describe tiernamente  el curioso sentimiento de un niño en relación al temor de que un placer le sobrevenga, -sólo por el hecho de que,  tal disfrute le brinda -, que la tristeza del pensamiento de que ese placer habrá de finalizar, casi le hace desear que ni se produzca.

En el pasaje, el niño,  cada noche,  acostado en su cama, espera ansioso el sonido de las maderas de la escalera, signo inequívoco de que su madre se dirige a darle el ansiado beso diario de buenas noches; pero ese signo, al mismo tiempo,  le genera un sentimiento de miedo: el sentimiento de inevitable pérdida que anuncia ese placer es igual, o más intenso,  que el ansia de que el placer le sobrevenga.






Pequeños hallazgos.



Algunas veces me pregunto cuál será el motivo de que tenga tanto interés en leer a los grandes autores. Hay una razón,  que a parte de otras menos conscientes, me resulta muy fácil de identificar. Los grandes escritores de la historia han tenido la capacidad de describir con maestría los profundos sentimientos humanos, los miedos, las angustias, los placeres. El viaje a través de las líneas de un texto probablemente escrito hace cientos de años, termina por fundir en conexión al vivo y al muerto;  un muerto que se torna vivo a través del vivo;  aquel, con su inteligencia, intelecto cultivado y  dote artística, es capaz de condensar en pensamiento escrito una serie de breves renglones con alguna idea o concepto de manera prodigiosa, con una lucidez al  tiempo sencilla y erudita.

El milagro está en la elección de  las palabras adecuadas,  que en una determinada conjunción, hacen aflorar de forma natural, -de forma tan bella-,  una verdad humana. Estos momentos de hallazgo, en los que el lector encuentra una verdad de la vida resumida tan brillantemente en un corto espacio de letras o frases, son parte del encanto de la experiencia lectora; una experiencia inolvidable por cuento son esos momento de hallazgo vital los que le hacen a uno sentir que ahonda en los pequeños secretos de la vida.

Y quizás, el placer de descubrir tales secretos en tan bellos párrafos, provenga de mi obstinada  voluntad por encontrar, - desde muy jovencito -,  las palabras adecuadas que pudieran hacer expresable un sentimiento que yo musitara. La imposibilidad de transmitir  un sentimiento o pensamiento siempre me ha parecido una fatalidad, una desgracia que me generaba frustración, porque yo deseaba comunicar.

Una frase, una idea o sentimiento condensado, puede ofrecerme un placer de gran intensidad, por eso, y como prueba de este gozo que siento por el encuentro de estos párrafos escondidos entre páginas, quiero traer como ejemplo una frase,- ni siquiera llega a párrafo, de ahí mayor su magia- , que Giacomo Leopardi escribió hacia 1.820 a su querido y respetado amigo Carlo; cuando las amistades podían ser tan respetuosas como intensas, y en las que la palabra amor era pronunciada en las relaciones epistolares de la época como muestra de estima en la amistad para con el otro.





"Tú,tu amor, el pensamiento de ti, sois como la columna y el ancla de mi vida”

Giacomo Leopardi. Carta a su amigo Carlo.







lunes, 15 de febrero de 2016

El vaso.




Esto que llamamos la vida,  - vivir -,  es como si tuvieras un vaso que vas llenando de agua con el transcurrir del tiempo. Al principio,  crees que vas aprendiendo cosas; crees que te queda poco para colmar el vaso;  piensas que a mayor nivel de agua,  mayor nivel de certeza,  y,  según van pasando los años,  terminas dándote cuenta de que cuanto más lleno está el vaso mayores son las dudas, y que las certezas, más bien,  quedan reducidas al pequeño espacio del vaso que aún permanece sin colmar.




domingo, 14 de febrero de 2016

Al lado del Perro y la Galleta.




Disfruto a cada paso que doy contigo. Los dos caminamos con el mismo paso calmado y al tiempo grácil; tu compañía me es tan agradable. Cada momento del paseo me nutre de sensaciones placenteras, suavemente,  como el constante placer que emana del aroma de un buen perfume sobre el cuello de una dama de gusto exquisito;  estoy gozoso, orgulloso de tenerte a mi lado. Cada pocas zancadas nos miramos y tú me brindas sonrisas de cómplice. Te iluminas; tus ojos y tu amplia sonrisa me transmiten satisfacción. En cualquier momento, tras una broma mía, mirarás al cielo clamando paciencia con ese gesto que es tan tuyo y me devolverás una mirada de tierna alegría. Siento que me amas en esos instantes críticos de extasiante felicidad.

Rodear tu mano me resulta tan natural… ;  no me he dado cuenta y ya te he abrazado la cintura. A veces,  pongo mi antebrazo sobre tu hombro; otras,  eres tú la que con espontánea dulzura colocas el antebrazo sobre mi hombro mientras me miras con cariño. Opps, no nos hemos dado cuenta  y hemos llegado a nuestro destino;  ha pasado el tiempo tan rápido… .Me apoyo sobre la valla de esta calle transitada y céntrica de Madrid. Tú, jovial y sonriente,  te aproximas decidida a tomar mi cuerpo mientras mantienes tu  mirada en la mía. Ya me tienes, estamos fijados el uno al otro, fundidos. Me  rodeas con tus estilizados brazos mientras yo utilizo esos instantes para contemplar tus imponentes hombros de extraordinaria feminidad y simetría. Te miro a los ojos otra vez:  sientes un cándido pudor y retiras tu mirada proyectándola hacia algún sitio en ninguna parte del paisaje. Es en ese preciso instante en que tu mirada paraliza la ciudad,  cuando estremeces algo en mi interior, y quedo conquistado.. 



jueves, 11 de febrero de 2016

El cabello de Drieu.




Jeanne está cada vez más seria, me mira con ojos cada vez más profundos. Tal vez sólo porque tenemos este nuevo apartamento, tan exquisito en su modestia. Se siente por fin en su nido. Ella que, como yo, ha rodado tanto tiempo de hotel en pensión. Para una mujer es importante hacer su nido. En cuanto a mí, nada retengo. Jamás he poseído nada. Pierdo los objetos, los amigos me roban los libros. Se cree fijada y cree haberme fijado. Cuenta con mi envejecimiento. La otra noche pasaba sus puntiagudos dedos por mis cabellos. Le dije:

   -  ¿Cuentas mis canas?

   -  Sí,  son mías,  las otras mujeres han tenido tus ridículos cabellos de hombre joven.



Pierre Drieu La Rochelle. Diario de un exquisito.





Un peaje de la memoria: el trauma.



Sin la memoria no podríamos  sobrevivir. Eres  ese  truco que nos proporciona, a través del recuerdo, una identidad que no tenemos. Pero el  recuerdo de los sucesos que nos afectan, nos deja impreso traumas, inseguridades y miedos  que lastran las relaciones entre nosotros, como esos elefantes que salen huyendo al avistar a un humano. Decía Jodorowsky,  que quien sufre un trauma, se queda en la edad del trauma.





Tu presencia.





Gozo de mi alma,  observarte en movimiento. Me reconozco a través de ti, cuando suspiras sin razón alguna. No necesito poseerte con el abrazo de nuestros cuerpos, porque ya en la distancia en que mi mirada te penetra, me siento habitando dentro de ti. Nada hay más intenso, más auténtico y más sencillo que un amor irracional: el del sentido de la no razón. Te siento sólo con avistarte. No necesito apostar por ti, pues tú te me desparramas con un leve giro de tu cabeza, o una mirada al cielo. La espontaneidad de tu risa;  mi paz me das.



martes, 9 de febrero de 2016

En las entrañas de cada mujer.




"El profundo  sentido de símbolo que revela el hecho anatómico de que mientras los órganos sexuales de hombre tienen algo de circunscrito, de separado y casi añadido exteriormente al resto del cuerpo, en la mujer se encuentran en lo más profundo de su carne más íntima

Otto Weininger.



Los genes no entienden de  la firme voluntad de la ideologías igualitarias de género, nos repiten,  nacimiento tras nacimiento las mismas leyes. Jamás un hombre alojará en su interior a una mujer. Sólo la mujer aloja al hombre, acogiéndolo en su interior;  permitiendo que un elemento exterior a ella la penetre y la habite, morando sus carnes más intimas,  como cita Weininger. Incluso, aunque después de este incontrovertible acto anatómico de conquista masculina y acogida de la mujer, si ésta, por decisión propia, decidiera obviar esta evidencia de su mente, nada podrá borrar la indeleble huella que en su subconsciente y en la memoria de su cuerpo dejará dicha invasión.  Esta particularidad anatómica de la mujer, -ser morada-, es trascendente. Siendo hombre, quisiera sentir la decisiva importancia de ser generador de vida, de que mi cuerpo, al ser habitado, tomara el pulso de la importancia de acoger en mi seno a otro ser humano;  por otro lado, siento un respeto, sentiría un miedo por las inevitables consecuencias corporales que en mí dejarían  la elección de tal ser, por lo que, ser hombre resulta más fácil en este sentido, pues nuestra condición natural de permanente elemento ajeno  nos da la posibilidad de la fácil renuncia a la trascendencia del acto.









viernes, 29 de enero de 2016

Contrastes.




A veces, me sorprendo a mí mismo sintiendo cierta sensación de alegría inesperada. Siento desconcierto. ¿Por qué de repente me siento contento?. Transcurrido apenas un minuto,  al volver a mi estado normal de apatía,  ese dolor constante que llevo tan encima y del cual permanezco inconsciente por la continua persistencia que ejerce el peso de su lastre,  queda eclipsado por un pequeño momento de distracción que sólo evidencia cuan hondo recalaba el umbral de mi tristeza.   Cualquier mera distracción me proporciona un alivio;  así es de relativa la percepción de la felicidad. Ya hace algunos años que vengo valorando vivir a diario en un piso muy discreto, y reservar los fines de semana para una serena villa.





jueves, 28 de enero de 2016

Naufragar en su recuerdo.




Voy dando pasos mirando al suelo, me ayuda a pensar,  a abstraerme de lo que me rodea.  Mi ansiedad por observar todo aquello que acontece a mi alrededor mientras camino por una calle se ve mermado en favor de una concentración cuando declino mi mirada hacia el suelo de la capital.  Un hombre que camina solo, al igual que yo, me rebasa,  y unas zancadas más adelante , situado ya a unos 4 metros de mí, ralentiza la marcha y se queda a una distancia constante, igualando mi ritmo.


Voy fijándome en sus pisadas; el ritmo de sus pasos es igual que el mío, aunque él es un poco más bajo.  En ese instante me doy cuenta de que llevo pensando varios minutos en ella, en su recuerdo. Retomo el ánimo y me digo a mi mismo que he de olvidarme de su recuerdo, que en nada me beneficia permanecer en el limbo de lo vivido y ya pasado, y que, imitando el comportamiento de esas personas que todo lo superan, debo, decididamente,  borrar mi pensamiento en ella y buscar el aliento de algo nuevo que me cure, que me sane de este supuesto pensamiento recurrentemente inútil.  Esto me genera un lapso de optimismo, de voluntad renovadora;  sin embargo, unos segundos más tarde me arrepiento. Siento como si me estuviera traicionando a mí mismo. ¿No es acaso mi  naufragar en su recuerdo la única herramienta que me hace sentir la intensidad de la trascendencia vital  de mi amor por ella?. Me niego a olvidar de forma voluntaria, no quiero cosechar un éxito social en base a la deslealtad de uno consigo mismo.  Quiero, muy al contrario, sentir un dolor que es proporcional a la felicidad que he acumulado durante estos meses y que no podía alcanzar a entender el porqué me había sido concedida.  Ahora, desde el apacible desconcierto que ya genera el paso de los días, quiero continuar con mi luto. 






sábado, 26 de diciembre de 2015

Sobre la confianza.





"Toda confianza es peligrosa si no es completa: hay que decirlo todo o callarlo todo"


                                                                                                                          Jean de La Bruyére.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La elocuencia de tu silencio.




Desde tu silencio, sé que me amas. Diriges la vista hacia otros lugares;  mientras, yo te observo esperando el encuentro de nuestras miradas.
Ahora ya sé que tú sí que lo sabes; que me has encontrado, lo detecto en tu silencio, que grita cada día con más intensidad. 
Mi desconcierto no era más que el resultado de mi torpeza, mi incapacidad para percibir que un ser puro y sensible  ha venido hacia mí, a mi encuentro, a mi mundo, sin la pretensión de apropiárselo, sino como un amor irreductible que porta un alma incondicional. Perdóname por no haberme dado cuenta antes. Tenía algo grande ante mi:  ese ojo cristalino y brillante,  bañado por sales minerales que definen la película de tus sueños; esos sueños que tu contemplas absorta en tu mirada perdida que todo lo encuentra. No necesitas ver, porque sabes lo que en ti ya existe y yo ignoraba. No me permitas irme de ti. Marquemos el horizonte juntos.

viernes, 4 de diciembre de 2015

El Panteón de Agripa.



Sin bien los griegos fueron capaces de dotar de gracilidad y sutileza a su arquitectura, los romanos, por su parte, la dotaron de un carácter monumental que estremece los sentidos. Esta arquitectura formada a base de generar vacíos;  de la ausencia de materia como resultado de horadar una masa formada por la trabazón de ladrillo, mortero y broza, conecta con una parte de la sensibilidad que reclama la belleza desde la acción de lo simple, de una cierta rudeza que excita la memoria de lo monumental;   impresiona por su contundencia formal, sobriedad estética y desnudez;   desprovista de revestimientos que oculten la evidencia constructiva, parte constitutiva de su honestidad. En la belleza de la arquitectura romana lo pretencioso no existe;  más allá del pragmatismo de sus construcciones, - traza coherente con espíritu expansivo imperialista -, su carácter inspirador procede, en parte,  de la sabia identificación arquitectónica entre forma y concepto debido a la utilización  de las geometrías puras que el hombre ha identificado en la naturaleza ya desde los griegos.

La geometría, las formas y sus significados primigenios:  

La esfera es la forma más perfecta  que  la naturaleza ha creado, pues es la única que mantiene sus propiedades a lo lardo de toda su superficie, manteniendo su continuidad. La  belleza de lo simple adquiere un significado cercano a lo divino;  astutamente,  los romanos utilizaban las formas puras como la esfera  para crear puente de unión entre el mundo terrenal de los hombres, y el mundo de los dioses que nos observan desde los confines de la bóveda celeste. Hermanas pequeñas de la esfera son el círculo,  la circunferencia,. Invariablemente, todas conservan su carácter radial, lo que significa centralidad en términos arquitectónicos.



El panteón:

Roma, Agosto de 2015. Visité Roma cuando aún no era universitario, ahora, siendo arquitecto, volvía a la ciudad eterna. De todos los monumentos y edificios de Roma, sólo una construcción ha llamado mi a atención sin reducir su poder de evocación y emotividad a lo largo de mi vida; desde la primera vez que lo vi, in situ,  siendo un adolescente, pasando por su estudio en la universidad y el asentamiento espiritual que otorga la madurez. Mi idealización sobre esta construcción se ha mantenido intacta.


Cuatro de Agosto. Un calor sofocante me obligó a consumir varios litros de agua, deambulaba por el coliseo y el  foro;  después de una hora caminando , desemboqué en Piazza Navona. Sabía que me hallaba cerca del Panteón. Después de tantos años de espera, sentía temor por la posibilidad de un súbito desencanto; quizás, todos aquello años de espera se podrían ver dilapidados por una visión decepcionante;  que no sintiera nada especial en mi interior al contemplarlo según penetrase dentro de su enorme cúpula.  Paré a comer en una estrecha callecita flanqueada por fachadas de alto porte, por la que circulaban hordas de turistas; malos presagios. Aquellas multitudes contaminaban el ambiente necesario para visitar mi querido Panteón, que a buen seguro estaría infestado por estos pobladores estacionales; epidérmicos paseantes que transitan por lugares sin intención de percibir el Genius loci, más bien, inmersos en una especie de consumo compulsivo de imágenes, cuyo leitmotiv se basa en la renovación, en la saciedad de la novedad estética, sin más, como la carne roja puesta sobre un plato, dispuesta para ser devorada. 

Para el viajante solitario, la observación de las masas de turistas suscita una doble sensación. Por un lado, apena observar la devaluación espiritual que ha sufrido la actividad turística, la banalización sistemática de todo aquello que es susceptible de ser contemplado por nuestra vista. Sin embargo, aparejado a este sentimiento penoso y triste, casi de rechazo al mundo contemporáneo, surge un regocijo contrapuesto  basado en el placer de sentirse absolutamente aislado de toda una multitud que te rodea, sabedor de que esa agresión estética que uno recibe le hace más fuerte,  reafirmándolo en el privilegio de sentir que la percepción espiritual, desde la humildad,  de todo aquello que nos ha precedido y nos trasciende por cuanto somos herederos, te hace valorar mucho más tu propia singularidad.


Lo que yo no podía imaginar, después de tanto temor a no afrontar el monumento con el ambiente circundante y mood  adecuados, es que sería precisamente el escándalo y el gentío lo que me brindara una de las imágenes más conmovedoras que he sentido, por inesperada, cual epifanía. Ni siquiera esa jornada en la que sabía terminaría en el Panteón, me parecía que fuera un día en el que estuviera especialmente sensible o gustoso por ese tipo de belleza monumental y rotunda. Sthendal, en sus paseos por roma, ya comentaba lo importante que era,  visitando Roma, tras  levantarse por la mañana, y tras un tranquilo desayuno; sentir el tipo de belleza al que uno está susceptible en esa jornada. Ciudades como Roma  brindan la posibilidad de abandonarse a naufragar por sus calles, con el único itinerario que  sugiera el propio instinto; el estado en el que uno se encuentre,  y la sorpresa de lo inesperado que se presente en su paseo irán trazando un placentero viaje , una tournée fresca  y deliciosa, fuera del hastío que genera lo programado.


Después de comer, reinicié mi andadura por las estrechas calles que circundan la zona del Panteón, me imaginaba que terminaría desembocando en la plaza donde se encuentra, pero no conocía el itinerario bien. Tras deambular,  un poco observando el ambiente y lo las fachadas de los edificios, finalmente aparecí en la plaza. Por fin vi el Panteón. Fue gratificante comprobar que siempre te sorprende su gran escala, un imponente cilindro de masa mural, rematado con un casquete como cubierta. La plaza esta infestada de turistas, incluso con los 35 grados y un sol de justicia que todo lo bañaba.

Mi miedo a la decepción se acrecentó al comprobar , una vez me acerque al atrio de entrada, que había filas de a cuatro tanto para penetrar en el templo como para abandonarlo. Literalmente había dos ríos ,dos mareas humanas paralelas que se movían en sentidos opuestos;  era casi en un acto de violación del templo. No podría haber previsto esta exageración jamás. No tenía otro remedio que entrar, ya que estaba ahí, debía penetrar y aunque fuera en esas condiciones tan lamentables para la observación sensible, trataría de sugestionarme de alguna manera. Pues bien; me interné dentro de la marea humana sin ser dueño ya de mi destino,- no había vuelta atrás-, aquella marea avanzaba lenta pero sin pausa. Seguía avanzando ya debajo de la cubierta del atrio, y estaba a escasos 3 metros de entrar en el gran cilindro; pero no tenía tiempo para prepararme, la marea me llevaba en volandas, y mi única tarea era la de tratar de no ser empujado más de la cuenta, rodeado de gentes con ropas de deporte, uniforme del buen turista compulsivo y consumista. Atareado en estas labores tan mundanas, no fui consciente de que ya me estaba internando en el gran cilindro:  de repente, como azar intuitivo, mi vista se fue hacia la cúpula, y cual epifanía se me apareció la maravillosa estampa del ojo - tragaluz del Panteón  sin previo aviso. Tuve un vuelco en el corazón por la belleza de la imagen que me sobrevino de manera tan inesperada y en contraste total con la tarea banal de sobrevivir entre los turistas que me arrastraban.

Eran las 16:00 de la tarde;  en este día soleado de agosto la luz penetraba por el gran tragaluz ovalado. Era la divinidad de los dioses la que se internaba desde lo alto del cielo y bañaba con sus perfectos haces paralelos las paredes internas del templo, haces de luz que doblaban su presencia visual debido a la incipiente polución del aire que poblaba la zona, de manera que la gran presencia de los rayos era realmente estremecedora; me encogió el corazón. No quise penetrar más. Me quedé estacionado y mirando hacia el gran ojo durante varios minutos pudiendo captar  la magnificencia del simbolismo de la arquitectura romana. Un ejemplo maestro,  tan puro y sencillo;   conectar la las tumbas de los grandes emperadores romanos con los Dioses mediante la penetración de la luz desde el cenit, aplicando la geometría radial para su planta.Una verdadera obra maestra de gran sencillez conceptual y potencia sin parangón.


Dentro de la gran planta circular cabían cientos de personas. Observé la geometría interior del casquete esférico de la cúpula. Pude notar que,  así como los griegos variaban sutílmente la inclinación de las columnas del Partenón para corregir la distorsión de la perspectiva, los romanos también utilizaban esta técnica, variando el tamaño de los casetones que conforman la piel interior de le casquete, de manera que las leyes de la perspectiva eran manipuladas y el tamaño del casetonado sufría una distorsión que impedía al observador captar la verdadera escala monumental del volumen interior.  Esta manipulación de la sensación de la escala en el interior del templo puede obeceder,  según mi opinión, a dos motivaciones: 

Si bien los Romanos  tenían muy presente la escala humana en el diseño de sus espacios vivideros con el objetivo de crear una armonía que generase la sensación de comodidad al vivir el espacio, creo que en esta ocasión, dado el carácter divino de la construcción, debemos plantearnos la posibilidad de que el objetivo es casi contrapuesto. Quizás buscaba el desconcierto, porque de facto, eso es lo que uno siente cuando contempla la cúpula y trata de buscar referencias de escala para situarse dentro del espacio y valorarlo. Dado el monumental tamaño real de la cúpula , la manipulación gradual de la escala de los casetones,  según avanza la cúpula radialmente hacia su cenit, genera una turbación, una incapacidad para valorar el volumen real de aire que uno tiene encima de su cabeza, este efecto turbador abunda en la simbología de lo supraterrenal, configurado un espacio de geometría pura y conexión con el otro mundo. Los dioses penetran a través del gran ojo, transportados por la luz , hasta proyectarse contra los muros internos del templo.